Política Perú

DECLARACIÓN

Acabemos con el legado criminal fujimorista y con el neoliberalismo: continuemos la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana

Publicamos la declaración de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores sobre la situación política que se vive en el Perú.

Lunes 10 de mayo | 16:15

Los resultados de las elecciones del 11 de abril pusieron en evidencia el carácter generalizado de la crisis capitalista que vive el país y el gran descontento de la población hacia el régimen económico que sólo ha beneficiado a los grandes empresarios de la CONFIEP, AGAP y la Sociedad Nacional de Industrias, a costa del recorte de derechos laborales, el empobrecimiento de la población y la generación de un ejército de desempleados. Este descontento se trasladó hacia los partidos políticos considerados como tradicionales, además de las instituciones del estado al servicio del gran capital.

Por esa razón y según informo la ONPE, el 30% de los electores no asistieron a votar, y de las actas procesadas, el 18% votaron blanco y nulo. Es decir, para el 48% de los electores las elecciones pasadas no significaron ninguna solución para sus problemas de fondo. Este descredito se da en un contexto de profunda crisis socio-sanitaria, la cual ha puesto en evidencia los elevados índices de desigualdad que se viven en el Perú como consecuencia de la aplicación de 30 años de neoliberalismo.

La segunda vuelta que enfrenta a Keiko Fujimori con la candidatura del profesor y dirigente sindical Pedro Castillo, expresa de alguna manera esa profunda desigualdad social, por eso vemos que detrás del bando de Keiko se alinean todos los sectores burgueses y conservadores de la derecha tradicional como Vargas Llosa, López Aliaga, Hernando de Soto, el APRA, Cesar Acuña, Flores Nano, George Forsyth, además de los grandes medios de comunicación como el grupo El Comercio e instituciones ultra reaccionarias como la Marina de guerra. Mientras que detrás de la figura de Pedro Castillo se suman los sectores populares, trabajadores y pequeños empresarios que han sido los grandes perjudicados por la presente crisis.

Las clases dominantes perciben este descontento social y temen que este estado de ánimo pueda derivar en una gran convulsión como ocurrió en noviembre del 2020 cuando las movilizaciones tiraron abajo el gobierno de Merino o cuando la potente huelga de los trabajadores agrarios, con la acción directa y la auto organización de masas, obligaron al congreso a derogar la reaccionaria ley de promoción agraria. Por eso, la preocupación de la burguesía se centra en cómo evitar esa lucha social que amenaza su existencia, como parar la energía que podría despertar una probable victoria de Castillo en segunda vuelta, por eso Vargas Llosa llama a unirse en torno a Keiko para “salvar la democracia”, que no es otra cosa que salvar al viejo régimen expresado en la constitución de 1993. Por eso los altos mandos del ejército empiezan a hablar de golpe de estado.

En ese entender, Keiko Fujimori ha llamado a la unidad de los reaccionarios en torno a la defensa del modelo económico neoliberal y la vigencia de la constitución pro imperialista del 93. Como ya vimos, a este llamado se han sumado los representantes de la derecha conservadora del país, los mismos que estuvieron detrás de los últimos gobiernos neoliberales los cuales nos llevaron a la profunda crisis en la cual nos encontramos ahora. Con seguridad formarán parte de este frente la CONFIEP, los Roque Benavides, los Romero, los J.J. Camet, los Rodríguez Banda, etc. Su objetivo inmediato es derrotar a Pedro Castillo en la segunda vuelta y para ello apelan a una campaña macartista basada en el miedo, la desinformación y el boicot financiero.

Este bloque electoral representa una seria amenaza para la clase trabajadora y para los sectores populares. Lo que ellos buscan es tener el camino allanado para continuar ajustando a los trabajadores y al pueblo, dotando para ello de mayores privilegios a los empresarios como las exoneraciones y beneficios tributarios; y golpeando a las y los trabajadores a través de más despidos arbitrarios, más precarización laboral y la liquidación de la libre sindicalización y la negociación colectiva. Así mismo, los empresarios de la mano de Keiko Fujimori buscaran que nuestros recursos minerales y las empresas estratégicas como las del rubro salud sigan siendo objeto del lucro y ganancia. Para ello no dudaran en imponer un régimen de mano dura como ya lo anuncio la hija del dictador Alberto Fujimori en el último debate realizado en Chota-Cajamarca. Esto no hará más que profundizar la aguda crisis sanitaria y económica que hoy golpea con más dureza al pueblo empobrecido.

Pedro Castillo, por los límites de su programa y de su estrategia política basada en la conciliación de clases y en la búsqueda de un gobierno de ancha base donde se incluyan a los empresarios nacionales y donde se respete la institucionalidad burguesa sostenida en la constitución de 1993, no garantiza que con un probable gobierno suyo los capitalistas y sus planes de ajuste sean derrotados, y menos ahora que viene moderando sus ya tibias propuestas de la primera vuelta y mantiene los elementos conservadores en relación al tema de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual. A pesar de ello, y ante la disyuntiva de tener que elegir entre él y Keiko Fujimori, y ante el impacto de la crisis socio sanitaria, sectores populares y de la clase trabajadora han optado por la candidatura de Castillo para evitar un triunfo de Keiko a la cual ven como la encarnación de la corrupción y el continuismo económico.

Sin embargo, no debemos perder de vista que la lucha contra la gran burguesía, sus instituciones y sus partidos, a los cuales representa Keiko en esta segunda vuelta, no se reduce al campo electoral, por eso, más allá de quien gane en las elecciones del 06 de junio, si queremos realmente desmontar la herencia del fujimorismo expresada en la constitución del 93 y en la implementación del modelo neoliberal, urge que los explotados y oprimidos se organicen en un gran Frente Único de obreros, campesinos, maestros, estudiantes, mujeres y desempleados. Solo la unidad independiente de los trabajadores y el pueblo pobre, organizados en torno a comités de lucha, frentes de defensa, asambleas populares y barriales, pueden derrotar las pretensiones criminales de la derecha y trascender este proceso electoral hacia nuevos combates.

Construir esos espacios de auto organización obrera y popular nos permitirá darle continuidad a la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana para acabar definitivamente con el legado del fujimorismo y su constitución de 1993 e imponer un programa de emergencia para encarar la crisis actual donde se elimine la suspensión perfecta y los despidos masivos, así como los nefastos regímenes precarizadores del trabajo como el CAS, terceros y locación de servicios. Acá se deberá priorizar la nacionalización bajo control de sus trabajadores de las empresas de salud (laboratorios y centros de expendio de oxigeno medicinal, clínicas y cadenas de farmacias privadas), así como la nacionalización sin indemnización y con control obrero de las minas, junto al no pago de la deuda externa y la implementación de un impuesto a los ricos, lo cual, junto a la nacionalización de la banca y el comercio exterior, nos permitirá contar con los recursos económicos suficientes para reactivar la economía y reestructurar servicios públicos básicos como salud, educación y vivienda. De esta manera podremos avanzar en mejores condiciones hacia un gobierno de las y los trabajadores con perspectiva socialista.






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