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Red Internacional

Además de haber fundado en 1982 el Partido Nacionalista Constitucional (donde Alberto Fernández dirigió su rama juvenil) el diputado del PRO preside la Comisión de Defensa de la Cámara baja. Acaba de presentar un proyecto de resolución en el que pide que el Gobierno haga lo posible para que los torturadores y desaparecedores presos tengan “igualdad de derechos” a los de cualquier persona. ¿Qué busca este liberfacho-nacionalista-radical-peronista-massista-macrista?

Daniel Satur@saturnetroc

Miércoles 29 de junio | Edición del día
Foto Parlamentario.com

Alberto Asseff, diputado nacional del Frente PRO y presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara baja, presentó en las últimas horas un “proyecto de resolución” para que el Poder Ejecutivo, a través del Ministerio de Justicia, “extreme las medidas” para “asegurar la igualdad de derechos” de represores imputados o condenados por haber cometido crímens de lesa humanidad durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica.

En su proyecto, que según informó la agencia Télam está firmado junto a sus colegas Pablo Torello (PRO) y Carlos Zapata (Ahora Patria) del interbloque Juntos por el Cambio, el legislador ultraderechista pide la prisión domiciliaria “para todas las personas encartadas, sea con prisión preventiva o con condena, aplicándoseles las normas vigentes y constitucionales”. Obviamente no habla de toda la población carcelaria, sino de sus amigos genocidas.

Como fundamentos, Asseff y compañía dicen que “el Poder Ejecutivo detenta poder y busca seguir haciéndolo, y para ello necesita la simpatía de los sufragistas, a quienes no les alcanza ya la aplicación de planes y subsidios monetarios. Para peor los amenaza cotidianamente una inflación que literalmente corroe los ingresos”. Y en ese marco afirman que “el enemigo revivido del gobierno de turno” (en referencia a los represores) “debe ser castigado, para lograr así la simpatía del sufragista, quien está demasiado ocupado intentando sobrevivir”. Demagogia barata y reaccionaria.

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En una radio de Bahía Blanca le preguntaron a Asseff si eso no implicaría un “riesgo de fuga” de los que se verían beneficiados con una medida de este tipo. El diputado intentó tranquilizar a sus interlocutores diciendo que “es imposible la reincidencia por razones de la edad”, al tiempo que manifestó irónicamente que no se puede conjeturar “sobre la autoría intelectual de un genocidio en 2022”.

Buscando sensibilizar a no se sabe quién, agregó que actualmente “hay otros genocidios”, como “el genocidio de la pobreza, el genocidio de la droga y de las adicciones que crecen; ahí sí podemos hablar de genocidio”. Y respecto a sus amigos de la dictadura, afirmó que se trata de “gente enferma en serio, porque yo tengo el informe que el Servicio Penitenciario Nacional me mandó a mi despacho hace 6 o 7 años cuando pedí en ese momento ese informe, el 95 % de los presos por delitos de lesa humanidad tiene patologías graves”.

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¿Quién es Asseff?

El diputado nacional del PRO viene de protagonizar en los últimos años algunos escandeletes a partir de sus mañas de casta y su oportunismo electoral. El más resonante fue en 2019, cuando producto de negociados con el macrismo, se pasó sobre el filo del cierre de listas a Juntos por el Cambio dejando literalmente colgado del pincel a José Luis Espert, a quien le había prestado el sello de su partido para que el liberfacho pudiera presentar lista en la provincia de Buenos Aires. Fue a raíz de eso que Espert, decepcionado, salió a denunciar públicamente una especie de “proscripción” a su candidatura. Irónicamente, se había apoyado en un fiel exponente de la “casta” para hablar contra la “casta”.

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Pero Asseff, abogado de 79 años, no empezó en política hace tres años. Al contrario, tiene una larga carrera. Más bien un frondoso prontuario. A fines de los años 60 del siglo pasado, siendo un joven estudiante de Derecho, militó en la UCR junto a Arturo Illia y Ricardo Balbín. Pocos años después se pasó al peronismo, incorporando su “Movimiento Nacional Yrigoyenista” al Frente Nacional armado por el general desde su exilio en España.

En 1972 Perón y Cámpora le propusieron candidatearse a diputado, pero renunció según él porque no quería “ningún honor”. Sin embargo acompañó al “Tío” en su campaña electoral por todo el país. Por eso terminó siendo premiado con el cargo de director de la empresa estatal Hidronor y en 1973 integró la comitiva que acompañó el regreso de Perón a la Argentina.

Gracias a sus “vínculos”, obtuvo también en esos años un cargo como profesor adjunto de la cátedra de Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos Aires (UBA), de Historia e Instrucción Cívica en el Liceo Nacional N° 7 y en Instituto Privado Belgrano.

Durante la dictadura no tuvo cargos públicos (salvo el de la UBA y otro como “profesor invitado” de la Universidad de la Patagonia), aunque como “docente” siempre fue convocado a dar charlas y participar de eventos organizados desde el Estado. Sus artículos sobre “temas geopolíticos”, “geoestratégicos” y “geohistóricos” fueron siempre bien valorados por la Fuerzas Armadas, al punto que el general Juan Guglialmelli lo convocó a integrar el Consejo de Redacción de su revista Estrategia .

En 1982, cuando vio que el genocidio había sentado las bases de un régimen económico y social acorde a su pensamiento, entendió que los tiempos cambiarían pronto y por eso creó el Partido Nacionalista Constitucional junto a viejos amigos radicales. Allí conoció al actual presidente Alberto Fernández, quien rápidamente pasó a conducir la rama juvenil del PNC (luego Fernández se iría con Raúl Alfonsín cuando la UCR ganó las elecciones en 1983).

Con la caída en desgracia de las Fuerzas Armadas (“nunca más” y Malvinas mediante), Asseff perdió adeptos y protagonismo. En 1989 se sumó a la campaña presidencial de Carlos Menem y fue asesor presidencial durante los dos primeros años del gobierno del riojano. Pero tras haber participado de la Constituyente de 1994 como convencional, en 1995 se sumó a la campaña presidencial de Juan Carlos Onganía, el viejo dictador que había derrocado a Illia en 1966. Lo que se dice, un hombre con más fines que principios.

Años después volvería a la arena electoral, sumándose al ala peronista de los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá. Con ellos fue elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Llegó a ser vicepresidente de la Comisión para la Pymes de la Cámara baja y secretario de la Comisión del Parlamento del Mercosur, del que fue designado parlamentario.

Siempre apoyado en su Partido Nacionalista Constitucional UNIR, fue parte de Compromiso Federal hasta que en 2013 rompió con los Rodríguez Saá y se pasó a las filas del Frente Renovador con el que Sergio Massa venció en las legislativas de ese año al Frente para la Victoria de Cristina Kirchner. Fue diputado hasta 2015 y en 2019 volvió a la Cámara de la mano de Juntos por el Cambio, al igual que varios peronistas, radicales y ultraliberales más.

Hoy alcanza con “googlear” un poco para saber también que hace un año el fiscal federal Ramiro González imputó a Asseff por vario delitos a partir de una denuncia del exjefe de despacho de la Cámara de Diputados Daniel Vico según la cuál el diputado del PRO le exigía un “aporte” para su espacio político. Y un año antes, en 2020, otra denuncia de uno de sus asesores afirmaba que el viejo “nacionalista” exigía a sus subalternos depositar “un 10 % de sus salarios” para el partido.

Vale decir que el mismo Asseff reconoció públicamente que les exigía esos aportes compulsivos a sus “asesores”, algo que según él es común en su espacio político (aunque nunca dijo si se refería al partido con el que juega a obtener cargos desde hace décadas, al PRO o a la coalición entera de Juntos por el Cambio).

Huelga decir que entre los “hitos” parlamentarios de Asseff se encuentran su voto negativo al derecho al aborto y otras iniciativas parlamentarias en favor de las mujeres, las minorías sexuales y los sectores populares. Al mismo tiempo se jacta de tener varios “récords” de presentación de proyectos legislativos. Pero, vale decirlo, ninguna de sus iniciativas se caracterizan por servirle a las mayorías populares. Su nuevo proyecto en favor de los “pobres viejitos” hacedores del genocidio, es una muestra.




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