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Red Internacional

El triunfo de Dilma Rousseff en Brasil por un margen estrecho expresa, entre otras cosas, los problemas económicos que afronta Latinoamérica luego de una década de crecimiento a tasas elevadas. En cuanto a cambio estructural, el saldo tiene sabor a poco.

Pablo Anino@PabloAnino

Martes 28 de octubre de 2014 | Edición del día

Entre 2003 y 2013, Brasil creció 3,7% promedio y Argentina 5,9%. Este crecimiento es inédito en términos históricos. Pero en los últimos años se viene desacelerando fuertemente. En 2014 el país vecino terminará con estancamiento y Argentina en recesión.

Frente al fin de ciclo los gobiernos de Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner enfrentan mayores presiones de las burguesías domésticas e imperialistas para ajustar las economías.

En Brasil durante la campaña electoral la bolsa de San Pablo no se movía al ritmo de la samba, sino de las oscilaciones de los votos a Dilma en las encuestas. El oficialismo desarrolló su campaña electoral con los grandes medios de la burguesía en contra.

En Argentina durante la semana pasada se observaron fuertes cruces entre funcionarios del gobierno y los empresarios presentes en el coloquio de IDEA.

El establishment económico, aquí y allá, exige ajustes. Organismos multilaterales de crédito como el BID reclaman lo mismo. El FMI exige reformas estructurales. Ambos gobiernos se presentan como los defensores de las conquistas logradas en los últimos diez años frente a proyectos derechistas.

Pero los discursos encubren sus propios giros a derecha con ajustes, entre ellos los de las tarifas de servicios públicos, aumentos de suspensiones y de despidos (por ahora moderados) y seducción a los capitales (la gran esperanza para la burguesía argentina es la explotación de Vaca Muerta por las petroleras imperialistas).

No hay relación mecánica entre los ritmos de la política y de la economía. Ni equivalencias absolutas en lo que ocurre en ambos países. Pero sí tendencias que recorren la región.

En los resultados electorales latinoamericanos el factor económico juega su rol. Evo Morales logró vencer con un amplio margen con una economía que mantiene un gran empuje. En Uruguay el Frente Amplio parece ir camino a renovar su mandato en un ambiente económico todavía favorable.

Pero de conjunto Latinoamérica enfrenta una desaceleración del ritmo de crecimientoque hizo más arduo el trabajo del PT para que Dilma sea reelegida. En Argentina el kirchnerismo pone las fichas en poder levantar con nuevo endeudamiento la alicaída economía para el año que viene y de esa forma llegar con alguna chance a las elecciones de octubre.

La “ilusión verde”

Raúl Prebisch es en alguna medida el padre del “desarrollismo” latinoamericano. Este economista argentino fundó la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) y promovió el ingreso de nuestro país al Fondo Monetario Internacional durante el gobierno de la Revolución Libertadora que derrocó a Perón en 1955. Fue uno de los primeros “ajustadores”.

En su trabajo “El desarrollo económico de la América Latina y sus principales problemas” presentó su visión sobre la existencia de una tendencia secular al deterioro de los términos del intercambio que desfavorece a los países de la periferia (semi coloniales, diríamos los marxistas) especializados en la producción de bienes primarios.

Durante los momentos de auge de la economía la demanda de bienes primarios sobrepasa a la oferta beneficiando a los países periféricos con ascenso de precios, pero en las fases de baja del ciclo económico los precios de los productos primarios se desploman. No obstante, los precios de los bienes industriales no caen en la misma medida porque los beneficios empresarios y los salarios industriales acrecentados durante el momento de auge no ceden con facilidad. La presión recae sobre la periferia que concede ingresos al centro.

Como solución proponía el ingreso de capital extranjero y canalizar recursos de la producción primaria para “modernizar” las economías mediante la industrialización.

A pesar de los esfuerzos en inversión y los avances en cierta industrialización con el “desarrollismo” de los años ’60 y ’70 los países de la región no dejaron de padecer el atraso y la dependencia. El ingreso del capital extranjero para “completar” el escaso ahorro interno significó una mayor extracción de plusvalía sobre nuestros países: una carga creciente sobre el balance de pagos dado que la rentabilidad de ese capital fluía hacia los centros imperialistas.

En el Siglo XXI reapareció la “ilusión verde”. Es decir, la idea de canalizar dólares obtenidos por la exportación de productos primarios y de la inversión extranjera para transformar la estructura económica y social.

El último ciclo de crecimiento económico rejuveneció esas ideas con alternativas que van desde el “Socialismo del Siglo XXI” en Venezuela, pasando por las tibias políticas llamadas “neo-desarrollistas” en Brasil y Argentina, hasta el “capitalismo andino” de Bolivia.

En los últimos diez años hay un hecho extraordinario que en alguna medida se sale de la norma de los ciclos de la economía descriptos por Prebisch. La fase de alza de la economía mundial que se abrió a principios de siglo contribuyó a que la región contara con importantes “excedentes” de divisas por el alza de los precios de los commodities a nivel internacional. Aunque desde fines de 2007 la crisis económica dio por finalizada la etapa de fuerte crecimiento a nivel mundial, hasta no hace mucho los países de la región seguían gozando de los altos precios de los productos de exportación.

Es que en la evolución favorable de los términos del intercambio también actúa el factor China con una gran demanda que se sostiene a pesar de los vaivenes económicos. Los elevados precios del cobre, el petróleo, la soja, etc., no sólo se sostuvieron durante el momento de auge de la economía mundial, sino que perduraron más allá. Incluso las cotizaciones de los principales commodities se fortalecieron por las políticas de rescate de las economías centrales.

Ahora esa situación se está revirtiendo, pero mientras duró generó enormes ingresos de dólares que permitieron sostener el crecimiento “superando” en alguna medida los efectos de la crisis mundial.

Al ingreso de dólares por el comercio exterior se le adicionó un gran flujo de divisas por inversión extranjera directa (IED). La excepción fue Argentina donde ese ingreso fue más moderado por estar el país relativamente desconectado de los mercados de crédito.

Brasil y Argentina (además de México), más allá de las enormes diferencias de escalas favorables al primero, son los dos principales países “industrializados” de la región. La industria manufacturera en el vecino país retrocedió del 15% del PBI en 2003 al 13% en 2013. En Argentina se mantuvo en 19%. Mientras, avanzaron el agrobusiness, la mega minería y la principal industria, la automotriz, actuó como una gran armaduría de terminales imperialistas que se benefician de mano de obra barata y amplios beneficios otorgados por los Estados a ambos lados de la frontera.

Si la abundancia de dólares era la condición para el desarrollo industrializador planteada tanto por el “desarrollismo” como por el “neo desarrollismo”, pasada una década de generosas divisas pocos cambios estructurales están a la vista.

Incluso, los giros de utilidades de las empresas imperialistas fueron récord en Argentina y Brasil en la última década estableciendo límites claros a la ilusión de la IED.

La desaceleración es un fenómeno común a América Latina, lo mismo que la caída de los precios de las materias primas. La CEPAL informa que en 2014las exportaciones se estancarán por tercer año consecutivo. La IED en lo que va de 2014 cayó 23% (en Brasil todavía sigue siendo positiva). Según el FMI, Latinoamérica este año crecerá apenas 1,3%. Cada vez más la crisis mundial afecta a la región. Lo mismo ocurre con la desaceleración de China. Las condiciones excepcionales de la última década se están agotando. Se vivió una vez más la “ilusión verde”. Quedó demostrado que no es un problema de dólares, sino de qué clase social puede terminar con el atraso y la dependencia. Para nosotros la clase obrera construyendo una América Latina socialista.




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