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Red Internacional

Este domingo. Con fuerte polarización social Brasil va a elecciones: ¿Qué esperar?

Brasil va a las urnas este domingo en un escenario de extrema polarización para elegir al próximo presidente. Para conocer de primera mano sobre estos posibles escenarios electorales y el Brasil que se viene charlamos con Andre Barbieri, editor de Esquerda Diario de Brasil, parte de la red Internacional La Izquierda Diario.

Viernes 30 de septiembre | Edición del día

Además de presidente y vice, se elige a los 513 miembros de la Cámara de Diputados y 27 de los 81 escaños que conforman el Senado. También están en juego los cargos para gobernadores y legisladores de los 27 estados del país.

Más de 150 millones de personas tienen derecho de sufragio en estos comicios. El voto es obligatorio en Brasil para todos los ciudadanos mayores de edad y con plenas capacidades legales, siendo opcional para las personas de entre 16 y 18 años y para quienes tienen más de 70. En la primera vuelta electoral de las últimas elecciones en 2018 la tasa de participación fue del 80%.

El foco está puesto en la elección presidencial tras cuatro años de mandato del ultraderechista Jair Mesías Bolsonaro, y que se presenta para la reelección, aunque fue perdiendo apoyos en el último período. Al mismo tiempo, en las últimas semanas se hizo explícito un “operativo clamor”, que incluyó empresarios, banqueros y hasta exministros bolsonaristas, a favor de la fórmula Lula-Alckmin apelando al “voto útil” y al “mal menor” para evitar que se vaya a una segunda vuelta y que el histórico dirigente del PT, acompañado por el neoliberal Geraldo Alckmin, puedan ganar este domingo en primera vuelta, aunque esto es aún algo incierto.

Esta entrevista fue realizada por Pablo Torres de Ideas Socialistas, el suplemento teórico político de Izquierda Diario Chile.

¿Cómo se ve el panorama general hacia las elecciones en Brasil de este domingo?

Tenemos un país muy polarizado, la disputa presidencial entre Lula y Bolsonaro acaba por absorber a otros candidatos. Se está viendo un favoritismo hacia Lula (con las encuestas marcando lo mismo). Esto en el marco de un mundo con mucha crisis y también polarización social. Ya vimos en Italia como la ultraderechista Giorgia Meloni ganó las elecciones.
Acá en Brasil ya tenemos una experiencia con la extrema derecha, con el nefasto gobierno de Bolsonaro, que es parte de esa extrema derecha mundial. Todavía tiene una base del 30% de los votos nacionales. Es una base dura, de las clases medias más devastadas, de los centros económicos del sureste y sur del país, o el agronegocio en el interior. Esa es la base para que Bolsonaro aplique su programa de ajustes, que en realidad expresa las ideas de un ultraliberalismo feroz, la completa libertad para los capitalistas para que hagan a su gusto.

Este es el proyecto de Bolsonaro, el tema es que él ahora está identificado por los sectores más pobres como el responsable de la crisis económica, de la desocupación, cuestiones que se han incrementado con su agenda económica liberal.
Para que tengan una idea tenemos una inflación de más del 10% en lo que va del año, 33 millones de personas pasan hambre y hay 120 millones que padecen inseguridad alimentaria. Por ejemplo en la pandemia acá en Brasil murieron 700 mil personas, debido a las respuestas más trumpistas de Bolsonaro.

Todo eso hace que Lula tienda a recuperar para el PT el voto de los más pobres. Algo que el PT había perdido a partir del golpe institucional a Dilma Russef , a partir de ese momento, en 2016, el PT pasa por una crisis muy grande y pierde su base en la población más pobre que se beneficiaba de programas de asistencia social que fueron promovidos por el PT en la década del 2000. Lula recupera esa base ahora y las encuestas muestran que incluso tiene chances de vencer en la primera vuelta, aunque está todo muy abierto. La situación a donde ha llevado el gobierno de Bolsonaro hace que las ilusiones estén puestas más en derrotarlo que en un “enamoramiento” hacia Lula. Por otra parte, las instituciones del régimen político, que fueron las artífices del golpe a Dilma y de la cárcel a Lula, ahora están encolumnadas detrás de Lula que lleva como su candidato a vicepresidente a un ícono de la derecha brasileña que es Geraldo Alckim, ligado al PSDB que es un partido de la derecha neoliberal. Es como Piñera, allá en Chile. También pasaron a apoyar esa fórmula personajes como Fernando Henrique Cardoso un ex presidente de los 90´s, también de la derecha liberal, banqueros con obligaciones directas con los bancos de Estados Unidos.

El capital industrial y financiero de las grandes ciudades hicieron hace poco un comunicado en “defensa de la democracia”, con todo su cinismo porque son los mismos sectores que dieron su apoyo al golpe institucional, pero ahora están en una ubicación de oposición política a Bolsonaro, después de haber aprovechado todos los ataques económicos de Bolsonaro a grandes sectores de la población. Ahora están apoyando a Lula con la condición de que las contrareformas liberales no se reviertan. Que Lula ya ha prometido que no tocará.
Ese es un poco el panorama en el que vamos a las elecciones del domingo.

Se viene hablando de que Bolsonaro puede llegar a desconocer el resultado si no le es favorable, incitando a sus seguidores, emulando a Trump que con su discurso, etc, provocó lo que terminó con la toma del Capitolio.

No es secreto para nadie que Bolsonaro es admirador de Trump. Muchas veces hizo referencia a que no aceptaría los resultados electorales si era derrotado.Creo que hay que distinguir dos cosas: una sería la de un golpe estrictamente hablando si Bolsonaro es derrotado, para quedarse en el poder. Otra cosa sería la posibilidad de disturbios o que tome medidas que se pasen de la relación de fuerzas. Hoy no hay condiciones objetivas para un golpe de Bolsonaro, pero sí puede haber disturbios, semejantes a los que la ultra derecha de Keiko Fujimori hizo en Perú el año pasado luego de su derrota. O puede haber casos aislados de la base bolsonarista rabiosa que puede decidir actuar si es derrotado.

Los factores de poder están haciendo fuertes condicionamientos para impedir que Bolsonaro tome cualquier medida que desprestigie aún más la ya muy deteriorada figura del régimen político brasileño. Lo más importante para la burguesía es el imperialismo de Estados Unidos y el Partido Demócrata tiene interés directo en que un aliado de Trump no esté en la presidencia de la mayor economía de América Latina. Incluso el gobierno demócrata envió altos funcionarios para condicionar a Bolsonaro, por ejemplo han venido el jefe de la CIA y el asesor de seguridad nacional, incluso han hablado con el propio Bolsonaro para que no complique la transición. Lo que más le importa a Estados Unidos es preservar la agenda de ajuste y contra reformas económicas, antiobreras.

Por ejemplo, las Fuerzas Armadas cuya cúpula apoya políticamente a Bolsonaro, aclaremos que acá en Brasil los militares ocupan muchos puestos de responsabilidad en distintas funciones en empresas y organismos estatales, son cerca de 8000 militares en esos puestos de responsabilidad. Decía que los militares también son disciplinados por Washington y el Pentágono. Esto es un factor importantísimo, otro factor importante es el Poder Judicial. El Tribunal Superior Electoral, vino haciendo una fuerte campaña contra las acusaciones de Bolsonaro, en la misma línea que el imperialismo. Al mismo tiempo sabemos que el autoritarismo judicial en Brasil es enorme, fueron los responsables del Lava Jato, del golpe en 2016 y ahora hicieron un acuerdo con las Fuerzas Armadas para que los militares puedan hacer, por primera vez después de 1988, un conteo paralelo de los votos. Esto abre la posibilidad de que el ejército influencie mucho más en las elecciones, en los resultados electorales.

Por eso nosotros repudiamos por supuesto las amenazas golpistas de Bolsonaro, pero sin ninguna ilusión en el imperialismo, en el autoritarismo judicial, que tienen que ser enfrentados con una política independiente.

En el marco de todo esto que nos estás contando, ¿cómo está el movimiento obrero, la juventud, el movimiento de mujeres?

El movimiento obrero no tiene todavía una política independiente para pelear por fuera de los marcos permitidos por la agenda económica de las reformas. Pero eso se da por las burocracias sindicales, dirigidas justamente por el PT. También el movimiento de mujeres que ha pasado por muchas peleas contra la misoginia de Bolsonaro. También el movimiento negro contra el fascismo de la extrema derecha. Pero en estos últimos cuatro años fue de manera más contenida (N.R.: se refiere a las luchas de estos movimientos), porque las burocracias sindicales ejercieron mucha contención. La estrategia de estas burocracias era que había que esperar a las elecciones para que Lula ganara, para que nada se saliera de control, porque cuando más lucha de clases, más descontrol de las direcciones del PT. Y si hay descontrol, eso no ayudaría al perfil de Lula como una figura de administración segura y responsable del régimen y de la producción capitalista.

Lo que hay es mucho descontento contra esta experiencia del gobierno de Bolsonaro, que en 2018 tuvo una conquista ideológica, todo el discurso contra los servicios públicos que no funcionan, entonces hay que privatizar, la iniciativa privada es la única salida, el programa ultra liberal de Pablo Guedes de acabar con los derechos laborales. Todo eso después del 2018 pasó a ser un poco, un sentido común en sectores muy extendidos de la clase obrera y ahora esto se invierte, porque la catástrofe económica de este programa ultra liberal hizo que los trabajadores que en las fábricas defendían a Bolsonaro, ahora no lo hacen más. Ahora hay mucha bronca contra Bolsonaro en los lugares de trabajo, incluso en los sectores más precarios en los cuales Bolsonaro tuvo una influencia un poco mayor.

Pero en estos cuatro años las centrales sindicales no han hecho nada, no hubo un llamado a paros nacionales contra las contra reformas laborales, ni tampoco por cuestiones democráticas elementales, como con los asesinatos de los ambientalistas Bruno Pereira y Don Phillips que fueron asesinados por la extrema derecha, que tiene mucha fuerza en las regiones del interior, las del agronegocio, que están con Bolsonaro.

Las burocracias sindicales no quisieron hacer nada, todo estaba siendo preparado para que Lula integrase una fórmula presidencial y hubiera unas elecciones tranquilas.
Ahí estaba planteado el llamado a la huelga general, para enfrentar la situación, con un programa de emergencia, anticapitalista, de salida a la crisis.

Por el contrario la burocracia de la CUT, que está ligada al PT, y otras, impusieron una pasivización del movimiento de masas. Cuanto más nos acercábamos a las elecciones, con las encuestas mostrando el triunfo electoral de Lula, más las centrales sindicales hacían “silencio” en los lugares de trabajo.

Por eso es muy importante la pelea por ganar los sindicatos de las manos de la burocracia sindical, en particular las del PT. En San Pablo, hace poco, nuestros compañeros trabajadores del subte junto a otras organizaciones de izquierda sacamos a la burocracia del PT de la dirección del sindicato del Subte.

Estratégicamente vamos a una mayor lucha de clases bajo un próximo gobierno de Lula. Va a haber una recomposición objetiva de la clase obrera que tiene muchas expectativas y que va a chocar de frente con el programa de conciliación con la derecha que va a llevar adelante Lula.


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