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Red Internacional

Las inversiones alemanas en Estados Unidos comenzaron a aumentar este último año. Es parte de una estrategia de ganar empresas y mercados que mejoren la posición exportadora de Alemania.

Jueves 9 de octubre de 2014 | Edición del día

Según un artículo reciente de The Economist habría comenzado a cambiar la tendencia de los últimos años de la inversión alemana en Estados Unidos. Hasta ahora el capital alemán sólo representaba el 8% de la inversión extranjera en Estados Unidos y se ubicaba en un séptimo lugar por detrás de Francia, Gran Bretaña y Japón, entre otros países que invierten allí.

Gigantes alemanes como Siemens, SAP, Bayer e Infineon han invertido más de 65 mil millones de dólares en empresas estadounidenses, lo que representa el 20% del total de las compras de empresas norteamericanas por extranjeros. Además, de todas las adquisiciones lideradas por empresas alemanas en todo el mundo, el 60% correspondió a la compra de empresas estadounidenses.

Según Michael Heise, economista de la aseguradora Allianz, los “altos costos de la mano de obra” y las escasas perspectivas de crecimiento de la zona euro, explicarían la reducida inversión interna, algo que analizamos en este diario en Las ilusiones del “milagro” alemán en debate. Otros motivos serían el freno del crecimiento elevado de los mercados emergentes y China que está siendo menos hospitalaria para las empresas extranjeras. En cambio, Estados Unidos está creciendo rápidamente, y cuenta con mano de obra relativamente barata con salarios estancados y energía a bajo costo debido al auge del fracking, según The Economist.

Alemania dispone de abundancia de capitales provenientes de sus fuertes exportaciones. El superávit de cuenta corriente de alrededor de $ 250-300 mil millones al año debe reciclarlo en el extranjero, ante la falta de opciones de inversión atractivas dentro de sus propias fronteras.

El mayor aporte al superávit de cuenta corriente proviene de las utilidades obtenidas por los depósitos de los bancos alemanes en el exterior. Una suma muy superior a las ganancias de las inversiones de capitales alemanes en empresas en el extranjero. En otras palabras, los capitales alemanes invertidos en bancos extranjeros, rinden más a su país que la propia inversión directa en sectores productivos en el exterior.

Las siete empresas estadounidenses compradas por los alemanes este año realizan el 65% de sus ventas fuera de Estados Unidos. Por ejemplo, Infineon está comprando International Rectifier, con sede en California, que realiza la mitad de sus ventas en Asia. ZF Friedrichshafen, una firma de autopartes, está comprando una rival con sede en Michigan, TRW, que realiza dos tercios de sus ventas fuera de Estados Unidos (y cuyo mayor cliente, Volkswagen, está altamente globalizado). Siemens está comprando Dresser-Rand, que fabrica equipos para la industria de petróleo y gas: tiene clientes árabes, rusos, chinos y saudíes, fábricas en Europa, Brasil y la India y realiza sólo un tercio de sus ventas en Estados Unidos.

Lejos de experimentar un enamoramiento repentino con Estados Unidos, las empresas alemanas continúan desarrollando su estrategia de ganar mercados en industrias especializadas, expandiéndose en negocios adyacentes y construyendo cadenas de suministro globales y bases de clientes.

La relación de Alemania con Estados Unidos no pasa por su mejor momento. Desde el inicio de la crisis financiera mundial, Estados Unidos le exige cambiar su política de austeridad por una de estímulos a la demanda interna, algo que Alemania rechaza de plano. Por ahora la cuerda entre Alemania y Estados Unidos sólo se estira, aunque sería iluso pensar que no se pueda cortar en algún momento.




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