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Red Internacional

Crisis. Elecciones regionales en Perú entre la fragmentación y el fortalecimiento de la derecha

Perú realizó este domingo elecciones regionales y municipales en un contexto de crisis política donde las disputas entre el ejecutivo y el legislativo son una constante, así como la arremetida de las fuerzas conservadoras y el debilitamiento y derechización permanente del gobierno encabezado por Pedro Castillo.

La tónica de la crisis política nacional que viene atravesando Perú tiñó a las elecciones regionales y municipales de este domingo signadas por una fuerte fragmentación y triunfos de formaciones de derecha y extrema derecha.

En total se eligieron 25 gobiernos regionales, lo cual implica a los gobernadores y a sus respectivos consejeros regionales, 196 alcaldes provinciales y 1644 alcaldes distritales.
La cantidad de postulantes mostró al fuerte fragmentación con 83.381 candidatos, que conformaron 242 listas regionales, 1.504 listas provinciales y 9.689 listas distritales.

Es importante tener en cuenta que en el Perú, como lo establece la constitución fujimorista de 1993, el régimen político es altamente centralista y poco democrático, por ende, las grandes decisiones políticas recaen fundamentalmente en el poder ejecutivo y en el Parlamento. En ese marco institucional, los gobiernos regionales y los municipios provinciales y distritales cumplen funciones que tienen un carácter más complementario y administrativo en relación a las iniciativas vinculadas con las políticas públicas emanadas del ejecutivo y el legislativo.

Es por ello que, en los gobiernos regionales y municipales existen limitados mecanismos de participación de la población en la toma de decisiones, lo cual ha llevado a una sistemática desvinculación entre las autoridades elegidas cada cuatro años y las necesidades de la población.

Si bien existe una dependencia económica y política de estos sub poderes estatales en relación al gobierno central, lo cual se expresa –por ejemplo- en los mecanismos de recaudación tributaria altamente centralizada y en su capacidad de gasto, no podemos perder de vista que, tanto los gobiernos regionales como los municipios provinciales y distritales, cuentan con una relativa autonomía administrativa que les permite implementar diversas obras públicas para lo cual cuentan con la participación de empresas privadas como entidades ejecutoras.

Esto último se ha convertido en el caldo de cultivo para la corrupción institucionaliza en estas instancias de poder, lo cual ha permitido la cristalización de mafias constituidas por funcionarios públicos y autoridades políticas, quienes terminan aprovechándose de los recursos públicos para enriquecerse y para beneficiar únicamente los negociados de los empresarios locales y nacionales quienes, en muchos casos, son los grandes promotores y auspiciadores financieros y logísticos de las candidaturas de los diversos caudillos regionales, provinciales y distritales.

Es por esa razón que este tipo de elecciones en los últimos años han adquirido un sesgo muy pragmático y demagógico, desvinculado completamente de propuestas integrales que pongan en cuestionamiento los problemas estructurales del país y el carácter altamente centralista y excluyente del actual régimen político que se sostiene en la Constitución de 1993. En ese marco, en las eleciones de este domingo, predominaron y salieron airosas en la mayoría de las veces organizaciones electorales de carácter regional y local en desmedro de las organizaciones nacionales.

La mayoría de estas organizaciones se enmarcan política e ideológicamente dentro del espectro de la derecha conservadora y del pragmatismo electorero y clientelar. Mientras que, quienes se autodefinieron de “izquierda” y participaron en estas elecciones, se caracterizaron por no esgrimir propuestas que confronten ni siquiera mínimamente el orden establecido, sino todo lo contrario, terminaron repitiendo los eslóganes y frases pre establecidas que la derecha y los grandes medios de comunicación impusieron, las cuales se centraron básicamente en incrementar la represión y la criminalización de la pobreza para, supuestamente, combatir la inseguridad.

Esto quedó claramente evidenciado en Lima, ciudad que concentra a la mayor población del país (más de 10 millones de habitantes, de 31 millones con los que cuenta el Perú según el último Censo de población y vivienda). Aquí, las opciones que terminaron peleando la posibilidad de ganar el municipio, pertenecen a la ultra derecha más reaccionaria. Así, tuvimos en la recta final al empresario ultra conservador Rafael López Aliaga de Renovación Popular y al ex militar Daniel Urresti (de Podemos Perú) a quien se le acusa de asesinar a un periodista y violar a una mujer indígena durante el conflicto interno. Estos dos personajes, alineados completamente a la visión neoliberal de la gestión pública y a posturas represivas y anti derechos en relación a temas de inseguridad, ya postularon a la presidencia de la República en las pasadas elecciones y fueron derrotados.

Mención aparte merece la participación de la izquierda reformista y neoreformista en estas elecciones. Perú Libre (partido que llevo al gobierno a Pedro Castillo y que abiertamente se asume como estalinista) presentó candidatos en las diversas regiones, provincias y distritos del país, sin lograr ninguna victoria (en la mayoría de las veces, sus candidatos apenas llegaron al 1%). Una de las razones que ayudaría a entender este rotundo fracaso tendría que ver con que a los representantes de esta organización se los asocia con la política clientelar de su líder Vladimir Cerrón, quien ha reducido el quehacer político de su partido a la pugna por cargos en el aparato público, sin importarles para ello terminar del lado de sectores como el fujimorismo u otras fuerzas reaccionarias en el parlamento. En el interior del país, sobre todo en las regiones más pobres y convulsionadas donde Castillo obtuvo la más alta votación presidencial, a Perú Libre también se le asocia con la derechización permanente y el incumplimiento de las promesas de campaña propias del presidente Pedro Castillo.

El Frente electoral Juntos por el Perú, que albergo en las pasadas elecciones presidenciales a Veronika Mendoza, presentó en Lima como candidato a la alcaldía a un personaje de sinuosa trayectoria política (ya que se paseó por diversos partidos de derecha), el mismo que terminó siendo denunciado por su propio hijo por maltrato familiar y por abuso sexual, esto llevó a que muchos dirigentes y militantes de este frente terminen quitándole el apoyo a este personaje y anunciaron a última hora que votarían por el derechista exfutbolista y empresario George Forsyth. En el interior del país, militantes y corrientes políticas que eran parte de Juntos por el Perú no la han pasado mejor, por eso terminaron apoyando a diversas fuerzas conservadoras, como ocurrió en Tacna donde militantes del Nuevo Perú de Veronika Mendoza formaron listas con candidatos de derecha denunciados por casos de violencia contra las mujeres.

En líneas generales, podemos decir entonces que las elecciones regionales y municipales muestran una significativa recomposición a nivel nacional de las fuerzas conservadoras y de derecha. Esta recomposición derechista tendría mucho que ver con el papel jugado por la izquierda reformista y neoreformista, la cual venía de ganar las últimas elecciones presidenciales y de lograr un importante bloque parlamentario pero que, sin embargo, por su estrategia de conciliación de clases y de adaptación a la institucionalidad burguesa expresada en la Constitución del 93, termino cediendo terreno a los sectores conservadores y derechistas, al grado tal que hoy, el gobierno de Castillo se mueve en función del piloto automático neoliberal para no incomodar a los empresarios y para evitar así la posibilidad de la vacancia presidencial. Este proceder del ejecutivo encabezado por Pedro Castillo y secundado por las diversas fuerzas de la izquierda reformista que lo sostienen, habría terminado por alejar a sectores importantes del pueblo y de la clase trabajadora de esta izquierda, por ello los magros resultados electorales que ya reseñamos.

Si bien, las opciones conservadoras y derechistas fueron las ganadoras en este proceso electoral, sin embargo, consideramos que no la tendrán fácil ya que su victoria se da en un marco de alta fragmentación a nivel nacional (predominancia de organizaciones regionales, no partidos nacionales) y teniendo como trasfondo un clima de creciente descontento social, el cual viene siendo acicateado cotidianamente por la crisis económica y por las recurrentes crisis políticas que debilitan de manera considerable la legitimidad de las instituciones del régimen.

Esto nos lleva a replantearnos la necesidad de construir cuanto antes una alternativa de izquierda revolucionaria, que confronte con la movilización y la lucha a la derecha y la ultra derecha reaccionaria y que sea a su vez independiente del gobierno y de los sectores reformistas y neo reformistas que con su práctica de conciliación de clases abonan el crecimiento y desarrollo de los sectores reaccionarios. Esta izquierda revolucionaria, para convertirse en una alternativa de poder para los trabajadores y el pueblo, deberá sostenerse en la auto organización y la movilización de la clase trabajadora y los sectores populares y, en esa perspectiva, deberá encarar la presente coyuntura proponiéndose luchar por imponer una Asamblea Constituyente Libre y Soberana que nos permita acabar con el nefasto régimen del 93 y pelear por un programa de emergencia que evite que la crisis económica la sigamos pagando los trabajadores y el pueblo pobre.


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