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Red Internacional

Cumbre de la CELAC. En Argentina el canciller de Lula fortaleció relaciones con el gobierno golpista de Perú

El gobierno de Lula sigue teniendo gestos de amistad repudiables con el gobierno asesino y golpista de Dina Boluarte en Perú, aprovechando la cumbre de la CELAC en Argentina.

Martes 24 de enero | Edición del día

Mientras continúan las manifestaciones y la lucha del pueblo peruano para echar al gobierno golpista y asesino de Dina Boluarte, el gobierno de Lula continúa haciendo gestos amistosos con el régimen peruano.

En la cumbre de Celac (comunidad latinoamericana y caribeña), el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Mauro Vieira, se reunió con la canciller peruana Ana Cecilia Gervasi para fortalecer las relaciones entre los países. El canciller de Itamaraty aprovechó la oportunidad para proponer una reunión de la cumbre entre Lula y Boluarte en Belém, para lidiar con el Amazonas y los nuevos acuerdos económicos.

El reconocimiento del gobierno golpista peruano por parte de Lula no sale de la nada. Numerosas protestas continúan incendiando Perú desde la última marcha nacional a Lima, la capital, cuando se llevó adelante el paro del 19 de enero. Las protestas en Arequipa llevaron a que los manifestantes bloquearan el aeropuerto de la ciudad. Este lunes continuaron los bloqueos, piquetes y marchas en diferentes regiones del país, que se desarrollan desde hace más de dos semanas. La Superintendencia de Transporte Terrestre (Sutran) informó que decenas de regiones de Perú se encuentran afectadas por al menos 74 carreteras y vías bloqueadas, incluidas 18 carreteras federales. Las manifestaciones exigían la renuncia del presidente golpista, la clausura del Congreso y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. También exigen que sean juzgados y sancionados los responsables políticos y militares de las más de sesenta muertes producto de la represión estatal. El martes se organizó una nueva Gran Marcha Nacional en el centro de Lima.

En diciembre, Lula había dado la bienvenida al gobierno de Boluarte, afirmando que "siempre es lamentable que un presidente elegido democráticamente tenga esta suerte, pero entiendo que todo fue sometido dentro del marco constitucional [...] Lo que Perú y Sudamérica necesitan en este momento son el diálogo, la tolerancia y la convivencia democrática [...] Espero que la Presidenta Dina Boluarte tenga éxito en su tarea de reconciliar al país y conducirlo por la senda del desarrollo y la paz social".

En enero, durante la toma de posesión del gobierno electo, Lula se reunió personalmente con la canciller Ana Cecilia Gervasi y el jefe del Gabinete Ministerial de Perú, Alberto Otárola, para recibir sus saludos y prometerles un acercamiento. Otárola, es el responsable de difundir los insultos del gobierno asesino contra los manifestantes, y de desacreditar las protestas masivas e insinuar que están orquestadas desde fuera (acusación infundada contra Bolivia) y por "sectores vinculados al terrorismo" (una vieja acusación que ya utilizaron las dictaduras de Stroessner y Fujimori contra los trabajadores y campesinos movilizados).

La posición del gobierno de Lula-Alckmin frente al golpe parlamentario en Perú es extremadamente reaccionaria, y no difiere sustancialmente de la del propio Bolsonaro, quien también saludó al gobierno de Dina Boluarte. Asesinos de Estado reciben honores del gobierno brasileño, que hace alarde de oponerse a la nefasta extrema derecha bolsonarista (que busca contener la lucha de clases y ensaya medidas bonapartistas), mientras avala la masacre en Perú. Esto no solo indica la fuerza que tienen sectores de la derecha neoliberal dentro del gobierno, sino también el acercamiento de Lula con Joe Biden y la fracción demócrata del imperialismo estadounidense, que apoyó la fórmula Lula-Alckmin durante la campaña presidencial.

Una vez más, se expone el carácter de farsa de la retórica de Lula sobre el rescate de la "autonomía regional", con una política que preserva a América Latina bajo el poder de las articulaciones arbitrarias de Washington.

Hay que repudiar la política de Lula (no tiene sentido "pedirle" a Lula que exija la dimisión de Boluarte, con quien se lleva muy bien). Lula colabora no solo con el reconocimiento del gobierno golpista, sino indirectamente con las mentiras que utilizan para justificar la represión.

No son, como dicen Boluarte y Otárola, agitadores externos de Bolivia o grupos terroristas los que orquestan las protestas y manipulan a los manifestantes, sino un enorme descontento relacionado con la pobreza, la falta de trabajo y de ingresos, y la precaria situación laboral en la que vive la mayoría de los peruanos, sobre todo en las zonas rurales donde actualmente existe una profunda crisis agrícola provocada por la falta de fertilizantes, por la dependencia de los mercados externos y la aguda sequía, además del racismo de la clase dominante, fomentada por la ultraderecha y empresarios, reproducidos y amplificados por los mecanismos del Estado burgués peruano.

En momentos en que las condiciones económicas y sociales están provocando cambios abruptos en la conciencia de la sociedad y sus diferentes clases, es necesario exigir el cese inmediato de la represión, el castigo de todos los responsables y el apoyo pleno a la lucha de los trabajadores, campesinos peruanos y pueblos indígenas, por el derrocamiento de Boluarte y de todo el régimen golpista.

Como dicen los compañeros de la Corriente Socialista de Trabajadores (CST), organización del Perú, hermana del MRT de Brasil y del PTS de Argentina, "ni las elecciones anticipadas para el 2023 ni la renuncia de Boluarte y su reemplazo por una nueva directiva del Congreso son garantía de un verdadero cambio que permita hacer realidad las grandes aspiraciones de los miles de campesinos, trabajadores y sectores populares que se movilizan y que no dudan en poner su cuerpo frente a las balas de la represión policial-militar, obrera, campesina y de organización popular. Sólo la fuerza de la movilización y la lucha, así como la auto organización de los trabajadores, campesinos y sectores populares, son garantías de para la victoria. Las organizaciones obreras, campesinas y populares que ahora están en lucha. Sólo por medio de ellos y con la huelga general, organizada desde las bases y con un comando unificado de lucha podremos derrotar el gobierno asesino de Dina Boluarte; estableciendo así un gobierno provisional de organizaciones obreras, campesinas y sectoriales que están en lucha. Sólo un gobierno de estas características, basado en la autoorganización obrera y popular y nacida de la lucha y derrocamiento del régimen de 1993, garantizará la posibilidad de convocar e implementar una Asamblea Constituyente Libre y Soberana”.

En Brasil, la batalla por una política antiimperialista y socialista requiere la más clara delimitación de la política de Lula de apoyo a este gobierno golpista.


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