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Red Internacional

Concediendo al capital. Guzmán agradeció a la CGT y la CTA por ayudar a que el salario pierda con la inflación

“Los sindicatos han tenido una actitud muy responsable y colaborativa para atacar el problema inflacionario, ahora necesitamos un involucramiento mayor de la dirigencia empresarial”, dijo el ministro de Economía en una entrevista radial. Un reconocimiento al rol entreguista de la burocracia sindical, que no mueve un pelo mientras millones de trabajadoras y trabajadores se hunden en la pobreza.

Lunes 27 de junio | Edición del día
Foto archivo Prensa Ministerio de Economía

El ministro de Economía argentino Martín Guzmán fue entrevistado este lunes en el programa “¿Y ahora quién podrá ayudarnos?” que conduce Ernesto Tenembaum en Radio Con Vos de Buenos Aires. Allí respondió a las preguntas del periodista y sus colegas Jairo Straccia y Gustavo Grabia.

Allí el funcionario dio detalles sobre inminentes anuncios para facilitarle a empresarios medianos un mejor acceso a dólares para importar. También explicó que las diferencias de política económica entre el sector del gobierno que él integra (núcleo duro “albertista”) y el ala “kirchnerista” encabezada por Cristina Fernández, que ya dejaron un tendal de renunciados (como recientemente pasó con el exministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas) son “normales” y en cuestiones centrales “no son tantas”.

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En ese sentido, la interna alrededor de la construcción del gasoducto Néstor Kirchner (lo que implica un enorme negocio para Techint y otras corporaciones) y su relación con el déficit fiscal y la falta de reservas del Banco Central, se llevó buena parte de la conversación. Pero la inflación, que carcome el bolsillo de gran parte de la población argentina, fue un tema clave.

Precisamente, al ser consultado sobre la inflación y cómo impacta en los bolsillos populares, Guzmán dijo ante todo que “hay un problema de distribución del ingreso” ya que hay sectores que no pierden sino que ganan mucho, a la vez que “si en este contexto de guerra en Ucrania, si no se hace nada hay un impacto desigualador”. En ese marco reivindicó el proyecto oficial acerca de la “renta inesperada” de sectores exportadores.

Enseguida reconoció que el de la inflación “es un problema más estructural” y acusó de sus causas a “distintos modelos económicos” (dictadura, “lo que pasó en los 90”, el gobierno de Macri). Curiosamente no mencionó a su propia gestión, que cosecha índices inflacionarios récord en las últimas décadas y hoy genera que el 37 % de la población esté bajo la línea de la pobreza, lo que llega a un 50 % en menores de 14 años.

Tras esa explicación le insistieron al ministro sobre la realidad que viven millones de personas que ven, mes a mes, que sus ingresos se deterioran sin avizorar una política oficial conducente a cambiar la curva. Y Guzmán siguió con su retórica. “Hay un conjunto de cuestiones que nosotros estamos trabajando para atacar”, dijo a la vez que justificó la actuación del Frente de Todos durante la pandemia, aunque se escudó en supuestos “elementos limitados” con los que se contó desde el Estado.

“Estamos construyendo las condiciones para atacar el problema inflacionario”, insistió el ministro de Economía. Como pilar de esa “construcción” habló de políticas macroeconómicas que permitan “que haya dólares en el Banco Central”. Y agregó que “al mismo tiempo hay que atacar el componente de inercia. Las expectativas son un componente clave en la determinación de los precios. Y ésta es una tarea de todos, atacar la inercia es una tarea colectiva”, sentenció.

A partir de ese razonamiento (que cínicamente “empareja” lo que puede hacer él como ministro de lo que puede hacer cualquier trabajador desde su puesto laboral), Guzmán apeló a la “responsabilidad de la dirigencia empresarial, con el Gobierno conduciendo”, para generar menores aumentos de los precios de los bienes y servicios que consume la población. Y a renglón seguido afirmó que “los sindicatos han tenido una actitud muy responsable y colaborativa para atacar el problema inflacionario”.

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¿A qué actitud “responsable y colaborativa” de las dirigencias sindicales de la CGT y la CTA, a las que no casualmente engloba en el término “los sindicatos”, se refiere Guzmán? Precisamente a que esas conducciones burocráticas vienen colaborando sin chistar con el plan económico acordado entre el Gobierno y el FMI, que tiene entre sus pilares (no declarados) una retracción sostenida de los salarios respecto a la inflación.

Como explicó recientemente Lucho Aguilar en este diario, “la CGT reúne a los sindicatos que producen, distribuyen y comercializan los alimentos (y todo lo que se nos ocurra)”. Sin embargo, sus dirigentes se niegan a poner esa fuerza en acción y demostrar en los hechos que hay un movimiento obrero decidido a frenar al empresariado en su constante aumento de precios para garantizar sus millonarias ganancias.

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No está de más recordar que los miles de obreras y obreros de la Uatre producen las materias primas con las que luego otres miles del sindicato de la Alimentación producen los alimentos. Tampoco que en los frigoríficos mandan el sindicato o la federación de la carne. O que los lácteos de Atilra son los responsables de que millones tengan leche o queso en sus mesas. Y ni hablar de los camioneros, que transportan todo desde los centros de producción a los de venta, donde los esperan los mercantiles del gremio de Comercio.

Pero parece que eso “no lo saben” ni José Voytenco, ni Rodolfo Daer, ni José Fantini, ni Héctor Ponce, ni Hugo y Pablo Moyano, ni Armando Cavallieri, ni tantos otros burócratas, incluyendo a los de la CTA (donde hay gremios que registran la mayor pérdida salarial en los últimos años, como los estatales). O sí, lo saben, y por eso actúan en consecuencia, tal como se los acaba de agradecer el ministro de Economía que diseñó junto a Kristalina Georgieva el programa económico que hipoteca el futuro de generaciones enteras de trabajadoras y trabajadores.

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Como se pregunta Aguilar, “si los dirigentes cegetistas tienen dudas, ¿por qué no convocan asambleas en cada lugar de trabajo para que todos y todas opinen qué hacer?”. En ese marco, en lugar de buscar la aprobación de los grandes empresarios y de los gobiernos que gestionan para ellos, como lo hizo Macri y hoy lo hace el Frente de Todos, “lo que tendría que hacer la CGT es poner toda la fuerza de la clase trabajadora para ponerle freno al hambre y la pobreza. Si los sindicatos y centrales realizaran un paro activo y un plan de lucha, uniéndose en las calles a las miles de familias desocupadas que se vienen movilizando”, a los llamados “formadores de precios” se les complicarían sus planes, “porque se les trabaría la maquinita remarcadora y el poder de decidir sobre el estómago del pueblo trabajador.

Pero no. Ellos siguen apostando a ser “responsables” y “colaborativos”... al servicio de los capitalistas.




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