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Red Internacional

“He tenido que venir hasta aquí”: Keiko Fujimori, Cajamarca y el mito neoliberal del extractivismo minero

En el último debate presidencial, con la frase “he tenido que venir hasta aquí”, Keiko Fujimori se refirió con desprecio a la provincia cajamarquina de Chota. Cajamarca es una de las regiones más pobres del Perú a raíz de la implementación de más de 30 años de neoliberalismo que se iniciaron con el gobierno del dictador Alberto Fujimori y que ahora su hija pretende continuar aplicando con mano dura.

Cecilia QuirozBachiller en Historia, militante de Pan y Rosas Perú y la CST

Domingo 2 de mayo | 17:40 | Edición del día

Estas elecciones generales del 2021 están marcadas por la profunda crisis sanitaria y económica que se vive en el mundo y con mayor énfasis en los países periféricos como el Perú. La implementación del modelo neoliberal, que ha contribuido notablemente a agudizar las diferencias sociales y que ha llevado a asegurar que la economía esté al servicio del lucro y la ganancia de una minoría de empresarios, tiene gran responsabilidad en la actual crisis socio sanitaria; por esa razón las vacunas contra la Covid-19 no llegan aún al conjunto de la población y en nuestro país la población muere todos los días de coronavirus por no poder acceder a oxigeno medicinal o a la atención sanitaria básica ya que los servicios de salud están privatizados y los servicios públicos han colapsado como consecuencia del desfinanciamiento público recomendado por los agoreros del neoliberalismo.

Sin embargo, Keiko Fujimori y los defensores del status quo nos dicen que las políticas económicas tienen que seguir aplicándose de la misma manera a como se han venido aplicando en estos últimos 30 años. Ellos dicen que pretender cambiar esto es condenarnos al atraso y la pobreza, olvidando malintencionadamente que por aplicar estas recetas hoy estamos en el atraso y la pobreza crece todos los días, como bien lo señalan las cifras del INEI. La realidad ha mostrado que estas recetas solo han contribuido a enriquecer a una minoría, con lo cual los grandes perjudicados han sido las mayorías explotadas y oprimidas sobre todo del interior del país.

La pandemia tiro por los aires la ilusión del “crecimiento peruano” ya que la sanidad pública colapsó inmediatamente ante la llegada del virus, el cual se expandió masivamente y causó miles de muertos y contagiados debido al desfinanciamiento público al sector salud. Esto ha llevado a que el mito neoliberal del desarrollo ligado al extractivismo minero empiece a ser puesto en cuestionamiento porque, precisamente en las regiones donde se da una gran actividad minera, como es el caso de Cajamarca, las cifras de pobreza y de pobreza extrema son alarmantes.

Cajamarca está en la mira de los analistas políticos porque es la región donde nació y vive Pedro Castillo, el candidato que dió la sorpresa en la primera vuelta y pasó a disputar el balotaje del 6 de junio con Keiko Fujimori. Esta región de la sierra norte es una de las que concentra la mayor inversión minera, produciendo casi el 26% de oro a nivel nacional, pese a estas cifras importantes, es la segunda región más pobre del país.

Según el INEI, el 38% de la población en Cajamarca vive en situación de pobreza monetaria y el 11,1% en pobreza extrema. Otro límite es la falta de acceso al agua potable y a servicios de saneamiento.

A nivel nacional más de 7 millones de pobladores no tienen acceso a agua potable, lo cual atenta contra su salud y su vida y, en los tiempos que corren, los convierte en potenciales contagiados del COVID-19. En Cajamarca solo el 8% de su población accede a agua con nivel de cloro adecuado, de acuerdo al INEI.

Según la Encuesta nacional de hogares ENAHO 2019, el promedio nacional de hogares que cuentan con agua, saneamiento, electricidad y telefonía es de 73.2 % y en Cajamarca el promedio se registra en 64,1% evidenciando cifras por debajo del promedio nacional.

En el acceso a la educación también se muestra otra brecha de desigualdad. La ENAHO 2019 registró que en Cajamarca la tasa neta de niñas y niños de 6 a 11 años asistiendo a la educación primaria es de 96.4%; a la educación secundaria entre de 12 años a 17 es el 78,2%, mientras que, entre los jóvenes de 17 a 24 años solo el 31,3% se encuentra en algún nivel de educación superior, es decir alrededor del 70% de jóvenes no realiza estudios superiores, lo cual los hace vulnerables a trabajos precarios o al desempleo.
De otro lado están las actividades agrícolas, que en Cajamarca representan un 12% lo cual genera mucho empleo, solo que en su mayoría, no se trata de empleo formal. Existe mucho autoempleo (trabajo en los propios cultivos o contrato a familiares) y producción de autosubsistencia.

Hoy, como consecuencia de la crisis económica internacional y debido al agotamiento de las reservas mineras, Cajamarca ya no es la primera región productora de oro, pasó al segundo lugar en los últimos años, sin embargo, la pobreza sigue creciendo como lo pudimos ver en las cifras anteriores y todo esto tiene que ver con que las riquezas generadas por la extracción de los recursos mineros solo han servido para enriquecer a los grandes empresarios mineros nacionales y extranjeros y a algunos políticos de turno que se han convertido en sus operadores en las diversas instancias del estado como el poder ejecutivo, el legislativo o los gobiernos regionales y municipales.

La experiencia de Cajamarca nos demuestra que tenemos que revertir cuanto antes el legado neoliberal que nos heredó Alberto Fujimori y que hoy su hija pretende continuar con mano dura. Un paso para avanzar en ese camino tiene que ver con que empecemos a pelear por la nacionalización sin indemnización de las empresas mineras como Yanacocha, Southern, Cerro Verde, entre otras, y que estas empresas pasen a estar controladas por sus trabajadores y que funcionen bajo la fiscalización del pueblo organizado.

Solo de esa manera los recursos que genera esta importante actividad económica podrán estar al servicio de la población y podremos revertir la crisis de financiamiento que hoy aqueja a sectores claves como la salud, la educación o la vivienda. La nacionalización con control obrero de las minas también servirá para acabar con la contaminación ambiental ya que los lugares de explotación minera, así como las formas de explotación y la cantidad de mineral a explotar, se aprobarán en función de las necesidades de la población y no de la necesidad de ganancia de los empresarios.




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