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Red Internacional

No es la primera vez que Alberto Fernández explica el aumento del costo de la vida en términos subjetivos, imaginarios o hasta místicos: “la inflación es autoconstruida”, “está en la cabeza de la gente”, “hay diablos que aumentan los precios”.

Tampoco es nuevo que cuando se trata de invisibilizar a los reales generadores de la crisis, los empresarios que concentran, remarcan precios y especulan con el hambre; sus representantes políticos oficialistas y opositores, y también sus economistas, echen mano de explicaciones ilusorias, fantasmales o de tendencias “naturales”, como el de la famosa “mano invisible del mercado” para intentar justificar el desastre de la economía real.

De la inflación y otros demonios

Decir que la inflación es autoconstruida, que una gran parte se produce en la cabeza de la gente, implica plantear que hay un elemento psicológico que condiciona el aumento de los precios, una ilusión, una construcción imaginaria, que no tiene correlato con la realidad, imaginar implica, en ausencia de algo real, construir ideas, símbolos, discursos, proyecciones, alrededor de algo que nos presentan como enigmático, en este caso: el aumento de los precios.

Pero las frases hechas del gobierno, no son casuales ni producto de “errores”, la psicologización de algunos fenómenos económicos es un recurso que se utiliza para negar las contradicciones propias del sistema social y condicionarlas a una apreciación subjetiva e individual, que en última instancia termina responsabilizando a los trabajadores y los sectores populares por una supuesta “lógica inflacionaria” que hace que anticipen mentalmente el aumento de los precios y eso provoque que terminen desatándose.

Pero explicar los problemas sociales a través de los subjetivo, tampoco es un recurso de uso exclusivo del gobierno, Juntos por el Cambio y la oposición de derecha acuden constantemente a explicaciones de la pobreza desde una ideología meritocrática que responsabiliza al sujeto, parece que “mejorar” económicamente en un país con 10 millones de pobres es un problema de voluntad, mentalidad y esfuerzo. También se apuran en omitir que gran parte del problema de la inflación tiene que ver con la dependencia y la deuda con el fondo que ellos tomaron y que el gobierno paga obedientemente.

Esta vez, hasta el Papa prefirió tomar cierta distancia de las explicaciones místicas de la inflación, y decir tibiamente que algo pasa con los gobiernos, aunque sin dejar de “bromear” con que el problema está en la mentalidad de los argentinos en general. La iglesia, junto a los sindicatos han sigo los grandes garantes de la paz social para pasar el ajuste.

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Imaginación versus realidad

El nuevo año arrancó con una cifra histórica de un 94,8% de inflación, la más alta desde 1991, entre los productos que más aumentaron están los alimentos, hay verduras necesarias para una comida básica que aumentaron más de un 400% respecto del año pasado, también aumentaron por encima del 100% la leche, la carne, el aceite y ni hablar del aumento en servicios: alquileres, transporte y medicina.

Según los trabajadores del Indec, un hogar necesita $238.680 para cubrir sus consumos mínimos, sin embargo los salarios, que el gobierno del Frente de Todos prometió recuperar, no han hecho mas que diluirse, lo único que aumenta junto con la inflación es la precarización laboral, la informalidad y todo un sector de trabajadores y trabajadoras, especialmente jóvenes que tienen dos y hasta tres trabajos para llegar a fin de mes. Psicologizar las causas de la inflación, es intentar desvirtuar sus causas materiales y la responsabilidad concreta de los empresarios de alimenticias, servicios y los especuladores financieros, que se benefician con cada aumento.

Esta psicologización de un fenómeno que tiene que ver con la naturaleza misma del sistema económico, nada tiene que ver con abordar el impacto subjetivo y en la salud que tiene la crisis sobre el conjunto de los trabajadores y los sectores más castigados por la inflación, empujados cada vez más a tener que garantizar lo inmediato, sin posibilidad de proyectar ni de imaginar el futuro, con la frustración permanente de no llegar a fin de mes y la angustia que genera un escenario de incertidumbre.

Pero esto tampoco es un tema de ocupación para el gobierno ni la oposición de derecha, que se niegan a implementar una medida elemental como un salario básico de emergencia, ni hablar de un salario mínimo que realmente cubra la canasta. Hay responsables concretos de la angustia social y su profundización, necesitamos organizarnos y construir una salida por izquierda a la crisis.


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