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Red Internacional

El semanario The Economist afirma que la deuda China a pesar de ser poco comprendida, es una fuente importante de preocupación para los inversores mundiales. Aunque es difícil un escenario de quiebras como fue el de la banca Lehman Brothers en Estados Unidos, hay un peligro de deflación y menor crecimiento del gigante asiático producto del sostén estatal de empresas ineficientes y de préstamos incobrables de los bancos.

Viernes 24 de octubre de 2014 | Edición del día

Dentro de las preocupaciones de los inversores en el mundo están el desplome de los precios del petróleo, el fantasma de la recesión y la deflación en Europa. Pero también están las tendencias de la economía China->http://www.laizquierdadiario.com/Sobre-el-destino-de-China-y-la-economía-mundial] que analizamos en este diario , así como el estado de su deuda que constituye una fuente de preocupación creciente.

En los últimos años, y como señala The Economist, la deuda China que surge de la suma total de préstamos del gobierno, empresas y familias, es equivalente al 250% del PBI. El peso de la deuda sobre el PBI viene en ascenso desde el 2008 cuando comenzó la crisis financiera mundial.

Como la mayoría de las crisis financieras son precedidas por un aumento frenético del endeudamiento -pensemos en Japón a principios de 1990, Corea del Sur y otras economías emergentes en la década de 1990, y Estados Unidos y Gran Bretaña en 2008, parece razonable preocuparse por China que podría estar dirigiéndose hacia un accidente. Tanto más porque la tasa de crecimiento nominal, la suma de la producción real y la inflación, se ha desplomado, pasando de un promedio de 15% anual en la década de 2000 al 7,5% actual. La desaceleración del crecimiento nominal limita la capacidad de los deudores para pagar sus cuentas, por lo que una crisis de deuda se hace más probable.

Según The Economist China aunque tiene un problema de deuda grande es poco probable que cause una crisis repentina o haga estallar a la economía mundial. Esto se debe a que China, a diferencia de la mayoría de los otros países, controla sus bancos y tiene los medios para rescatarlos. En cambio, el mayor riesgo es la complacencia, o sea que los funcionarios chinos hacen muy poco por sanear el sistema financiero, con empresas en quiebra pero sostenidas con préstamos de los bancos y préstamos impagables que quedan en manos del Estado.

La mitad de la deuda de China es de las empresas, y la mayoría son empresas estatales y otra gran parte de la deuda es de los promotores inmobiliarios. A medida que la economía se desacelera y los precios de la vivienda caen, muchos de estos préstamos se volverán impagables. Los bancos informan de que los préstamos incobrables son sólo el 1% de sus activos y sus auditores insisten en que los bancos no están mintiendo, pero los inversores actúan como si el verdadero nivel se acercara al 10%.

Según The Economist, incluso si una franja enorme de préstamos va mal, es poco probable que sea un colapso financiero al estilo de Lehman Brothers. No obstante, este proceso de dar créditos a empresas ineficientes y evitar sus quiebras, crea una crisis de deuda que puede llevar a un escenario a la japonesa. El país nipón después del estallido de su burbuja de activos a principios de 1990, fracasó en limpiar el mercado de las empresas y bancos ineficientes dejándolas quebrar. Esto provocó como resultado las firmas “zombies” -que aunque siguen en pie es poco y nada lo que producen- y años de estancamiento y deflación.

The Economist sugiere entonces que los funcionarios de Beijing deberían mantener la calma y en cambio dejar que las empresas no lo hagan. Dicen que es necesaria una nueva cultura de la quiebra que reemplace las líneas de vida y "perpetuación" de préstamos inútiles.

Esta salida que alientan los thinks tanks de Estados Unidos en China podría desembocar en un gran cambio en la relación entre ambos al habilitar un salto en el dominio del capital financiero norteamericano dentro de China. Algo que provocaría un traspié en las aspiraciones imperiales de los funcionarios chinos que por ahora prefieren la vía de la complacencia.




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