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Red Internacional

El efecto de la devaluación de enero, y la administración que hace el gobierno de la llamada “restricción” externa, mantienen un deterioro económico que se confirma con cada dato, y pega sobre el empleo.

Esteban Mercatante@EMercatante

Martes 4 de noviembre de 2014 | Edición del día

Aún en las estadísticas oficiales, se hace cada vez más palpable el deterioro de la economía. El viernes de la semana pasada se conocieron las estimaciones de la evolución de la industria y la construcción para el mes de septiembre. La primera mostró una caída de 1,8% respecto a igual mes del año anterior. En el acumulado en lo que va del año, respecto de igual período del año previo, la caída fue de 2,7%. La construcción, aunque tuvo en el mes un desempeño positivo en septiembre (subió 3,2% en términos desestacionalizados) acumula en lo que va del año una caída de 1,2%.

Son datos que confirman un deterioro de la economía que persiste y se profundiza. Y que, aunque el gobierno busque negarlo apelando a la información sobre empleo formal provista por el Ministerio de trabajo, pega en la ocupación. El Índice de Obreros Ocupados (IOO) en la industria manufacturera registró en el tercer trimestre del año 2014 una reducción del 2,2% interanual, mientras que el Índice de Horas Trabajadas (IHT) en el sector exhibió una merma del 4,3% en relación al mismo periodo de 2013.

Devaluación y después

El deterioro económico es resultado de lo que, con todas las letras, debemos definir como una profundización del camino del ajuste económico encarado por el kirchnerismo durante 2014. La abrupta devaluación del tipo de cambio de enero último, que se produjo por efecto de que se volvió intolerable la presión de una tensión cambiaria que el gobierno dejó cocinarse a fuego lento un largo tiempo de la mano de un cepo a la compra de dólares que no sirvió para frenar la sangría de dólares, fue el capítulo más visible. En un sólo mes el dólar se encareció en la cotización oficial más de 20%. Esto contribuyó a acelerar la inflación (que anualizada ronda 40% según todas las estimaciones privadas y las de los pocos organismos de provincias con mediciones independientes del Indec, y más de 30% en lo que va del año).
Como el promedio de recomposición salarial de las paritarias está bastante por detrás del aumento de precios (25,9% en promedio según el Ministerio de Trabajo si descontamos el efecto de los aumentos en tramos), los salarios acusaron un golpe inédito durante todo el período kirchnerista: las estimaciones de caída en el poder adquisitivo se mueven entre 6 y 12%, según informes de sindicatos (opositores y oficialistas) y consultoras privadas.

No sorprende entonces la caída del consumo, que según informa la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) fue en el sector minorista de 5,3% en octubre último, comparado con igual mes de 2013, acumulando en los primeros diez meses una baja de 7,5% respecto de igual período del año anterior.

La devaluación agravó entonces las tendencias al parate económico, al mismo tiempo que generó fuertes ganancias para grandes empresas exportadoras y otras con abultadas tenencias de activos en dólares, como es el caso de los bancos (que sólo después de la devaluación fueron obligados a deprenderse de parte de esas tenencias de activos en moneda extranjera).

Pero como la escasez de dólares, que ha sido ampliamente tratada por diversos análisis como la vuelta de la “restricción externa”, un recurrente freno al crecimiento de la economía argentina, se mantiene de forma persistente, el gobierno redobló el freno a la salida de dólares generado por las importaciones. Según la Cámara de Importadores, más de 5 mil millones de dólares en importaciones permanecen impagas. Siendo que más del 80% de las importaciones son insumos claves para sostener en funcionamiento la desarticulada estructura productiva argentina, esto no hace más que agravar el parate económico. Incluso la vía que estaban adoptando algunas empresas para comprar insumos claves para la producción, que era pagarla con dólares adquiridos a través del contado con liqui, fue frenada desde la llegada de Vanoli. Es que este medio para comprar dólares, aunque es legal, no sólo contribuía a meter mayor presión sobre los precios (al comprar los insumos con un dólar más caro los industriales encarecían aún más el precio del producto final), sino que al ser la cotización del contado con liqui el parámetro para el dólar paralelo, contribuía a redoblar la tensión cambiaria. El freno a las importaciones permite entonces administrar la escasez de dólares, pero al precio de profundizar el parate económico que se sigue confirmando cada dato que se difunde.

¿Restricción externa?

Lo curioso es que la economía argentina está obligada a lidiar con la escasez de dólares al cabo de una década en la que se acumuló el mayor superávit comercial sostenido en el tiempo del que se tenga registro. Sumando los superávits comerciales anuales del 2003 al 2014 obtenemos como resultado un superávit comercial externo de nada menos que 163 mil millones de dólares. Según Pablo Gerchunoff, ex funcionario de la cartera económica en tiempos de la Alianza, “Para igualar las exportaciones de esos años, en dólares a precios constantes, es necesario sumar las exportaciones de los sesenta años previos al kirchnerismo que van de 1943 al 2002”. Esta formidable entrada de dólares casi en su totalidad salió tan rápido como ingreso. Es que la contrapartida fue una formidable sangría, que tuvo entre sus capítulos principales la fuga de capitales. Esta representó nada menos de 94.500 millones de dólares desde 2003 hasta la actualidad, siendo los mayores responsables de la misma los grandes grupos empresarios locales.

A la fuga de capitales se sumó la salida de dólares por giro de utilidades de las empresas extranjeras, que promediaron 7 mil millones de dólares al año desde 2003 hasta 2011 (cuando con Guillermo Moreno empezaron los intentos de restringir este drenaje), niveles récord que se dieron al mismo tiempo que la cúpula empresarial aumentaba su tasa de rentabilidad y acotaba los niveles de inversión.

Aunque esta vía de salida de dólares fue frenada, las investigaciones sobre maniobras con las facturaciones de importaciones, por las que ayer fue sancionada por AFIP la empresa Procter & Gamble, muestran que la inventiva empresaria conoce otras múltiples formas para seguir fugando dólares.

Como frutilla del postre, está la salida de dólares que involucraron los “pagos seriales” de la deuda pública, que también se pagó en la última década como nunca, a pesar de lo cual la deuda no dejó de ser un problema como recuerdan los buitres que sobrevuelan en espera de enero.

Entonces, si puede hablarse de “restricción externa”, es enteramente el fruto de la rapacidad de empresarios nacionales y extranjeros, y de los especuladores, y de la alegre permisividad del gobierno nacional, que dejó hacer libremente hasta que los números entraron en rojo, y desde entonces intenta restricciones pero sin atacar los problema de fondo.




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