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Red Internacional

Francia. Macron ante la ingobernabilidad: una ventana de oportunidad para el movimiento obrero

La situación actual es inédita en la historia de la V República Francesa: nunca un gobierno había tenido una mayoría tan débil en el Parlamento. Una situación de crisis política y bloqueo institucional que abre brechas favorables a los movimientos de masas.

Jueves 23 de junio | Edición del día

“¿Crisis de gobernabilidad?” La retórica que buscaba dramatizar la segunda vuelta de las elecciones legislativas se ha convertido en realidad. Si la V República ha afrontado múltiples crisis desde su fundación en 1958, la situación actual donde el bloque de gobierno queda incapacitado de gobernar con autonomía, es un hecho inédito en la historia del régimen.

Mayoría ultra relativa, Macron ultra-minoritario

Tras la primera vuelta de las elecciones legislativas, era obvio que Macron saldría debilitado de los comicios, pero no se preveía que fuera en tal magnitud. En el peor de los escenarios, se esperaba que obtuviera una mayoría cercana a los 289 escaños necesarios para la mayoría absoluta. Sin embargo, el domingo 19, se ha producido otro escenario muy distinto: con 245 escaños, Macron ha logrado una mayoría ultra relativa, muy lejana de los 289.

Una situación como esta solo ocurrió una vez durante la V República. En 1988, tras disolver la Asamblea Nacional después de su reelección, François Mitterrand obtuvo solo 275 escaños, 14 menos que la mayoría absoluta. Una “mayoría” que envidiaría ahora Macron al que le faltan 44 diputados para poder gobernar y aprobar leyes.

Esto no es todo. Otros elementos exponen el carácter histórico y novedoso de la situación. Para empezar, el número de diputados de La République en Marche (LREM, partido de Macron) se ha reducido a la mitad entre 2017 y 2022. Es más, dos candidatos de Macron a puestos clave han perdido su elección: el presidente de la Asamblea Nacional y el jefe de la mayoría parlamentaria, al igual que varios ministros. Los cercanos al presidente de la República han perdido. Además, Macron ha perdido más de un millón de votos respecto a 2017, donde ya tenía una base social reducida.

La mayoría ultra relativa de la coalición viene marcada por lo que se ocultó en las elecciones presidenciales de 2022: el presidente perdió una parte importante de su base social, en concreto, el electorado de derecha de Los Republicanos, y se ha debilitado.

¿Situación de ingobernabilidad? Macron ante el desafío de afrontar los próximos 5 años

Con una base social muy reducida, Macron debe confrontar el desafío de gobernar con unos apoyos políticos extremadamente débiles. Para ello, se le presentan tres opciones. La primera, constituir una mayoría absoluta con un acuerdo con Los Republicanos. La segunda es gobernar en minoría en la Asamblea Nacional buscando acordar cada proyecto de ley con sectores de la oposición. La tercera opción es disolver la Asamblea Nacional, una última opción muy arriesgada en términos políticos.

Ninguno de estos escenarios es deseable, mucho menos en el corto plazo. Para analizar esto, resulta útil comparar con la segunda legislatura de Mitterrand. En efecto, si el gobierno de Rocard (1988-1991) actuó con acuerdos para cada proyecto de ley, pudo contar con el apoyo de un Partido Comunista Francés debilitado y una derecha de la Unión de Centro (escisión de la derecha gaullista), que buscaban una forma de influir en el quinquenato. Además, en aquel momento disponía del recurso “ilimitado” del artículo 49,3 de la Constitución que suspende el debate parlamentario y abre un plazo de 24 horas para que los diputados puedan solicitar una moción de censura.

Actualmente, en el contexto de la pelea entre grupos, todos los potenciales aliados desean colocarse en la oposición a Macron. En este marco, la opción de un acuerdo de gobierno con Los Republicanos, expresada por Elisabeth Borne (actual primera ministra) que busca construir “una mayoría de acción”, así como por otros miembros del gobierno que llaman a una “mayoría de proyecto”, está lejos de ser posible.

Apoyado por figuras caídas en desgracia como Sarkozy o Copé, Macron se encuentra en una posición minoritaria dentro de la derecha tradicional y de su dirección. La situación de bloqueo institucional actual sin solución provoca una crisis política y abre un periodo de inestabilidad, marco en el que Macron se reunirá con los jefes de cada partido en busca de alguna solución.

Además la extrema derecha hizo un gran avance y se constituyó como la segunda oposición al gobierno. Ressemblement Nacional (RN, Reagrupamiento Nacional). El partido de Marine Le Pen capitaliza así el profundo odio al macronismo, pero también la incapacidad de NUPES (la coalición de centroizquierda liderada por Jéan Luc Mélenchon) para convencer a amplios sectores de las clases populares seducidas por la RN.

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¿Una ventana de oportunidad para el movimiento de masas?

Sea el escenario que sea, esta importante crisis política va a marcar el próximo periodo. Macron va a intentar gobernar bajo la amenaza permanente de mociones de censura, al mismo tiempo que la Unión Popular (partido de derecha, nacionalista) ha anunciado que empezará a hacerlas en julio. Aunque estas iniciativas no lleguen a reunir las fuerzas suficientes, serán de todos modos una presión permanente para Macron.

Al mismo tiempo, la necesidad de pactar con la derecha liquida cualquier esperanza de encontrar un camino que permita evitar explosiones sociales integrando a las fuerzas intermedias y aceptar ciertas opciones totalmente contrarias a la derecha en algunas reformas clave. Un primer ejemplo de este cambio obligado para el macronismo: el lanzamiento del Consejo Nacional de la Refundación que debe servir para la integración de las fuerzas intermedias para resolver la crisis de legitimidad.

Por otro lado, la crisis política en Francia ya tiene efectos internacionales como la reacción de los mercados donde se ha visto cómo el tipo de interés francés a 10 años ha vuelto a subir tras las elecciones. Si el gobierno no encuentra una solución, los inversores podrían revisar su evaluación del riesgo, señala la revista Les Echos, y la presión de los mercados se inscribe en una situación ya marcada por una inestabilidad económica creciente.

Si la crisis sanitaria congeló temporalmente la dinámica de la lucha de clases abierta entre 2016 y 2020, esta inestabilidad política, en un contexto internacional marcado por la agudización de las tensiones geopolíticas y económicas y las tendencias a la recesión, podrían conducir rápidamente a importantes explosiones sociales. La debilidad del poder y las presiones que puede sufrir el gobierno son factores “accidentales” que podrían abrir brechas en favor del movimiento de masas.

Para aprovechar al máximo estas potencialidades, es necesario construir una izquierda revolucionaria a la ofensiva ,no solo que sea capaz de intervenir en las luchas próximas, algo fundamental, como una condición necesaria, una nueva organización revolucionaria, a la altura de la urgencia de la situación, para acabar con el sistema capitalista y sentar las bases de una sociedad comunista. En ese camino están las compañeras y compañeros de Révolution Permanente.

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