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Red Internacional

Así lo expresaron ayer Guillermo Nielsen y Pablo Gidotti, ex secretarios de Finanzas bajo los gobiernos de Néstor Kircher y Carlos Menem, respectivamente.

Esteban Mercatante@EMercatante

Viernes 17 de octubre de 2014 | Edición del día

Dos ex secretarios de Finanzas, Guillermo Nielsen y Pablo Guidotti, el primero de ellos en funciones cuando se llevó a cabo el canje de deuda de 2005, aseguraron ayer que la Argentina enfrenta “riesgos de aceleración” del Bono Par 2038, uno de los papeles que el país entregó en la reestructuración de deuda de los años 2005 y 2010, de parte de tenedores que no pudieron cobrar el último cupón. La “aceleración” significa que, ante el impago de los vencimientos por parte del gobierno argentino, se abra el reclamo por cobrar hoy todos los vencimientos futuros. Esto generaría una situación inmanejable.

La imposibilidad de pago de los vencimientos es consecuencia del bloqueo impuesto por el juez Thomas Griesa en el litigio con los fondos buitres que no participaron de las reestructuraciones de deuda. El juez impuso que el país no pueda continuar pagando la deuda reestructurada hasta tanto pague a los buitres litigantes el 100% del valor de su deuda como reclaman (a diferencia de los que canjearon que aceptaron una quita, aunque a cambio de cupones que pagan un plus atado al crecimiento de la economía) o alcance algún acuerdo. Como el gobierno adujo que no podía hacerlo por la claúsula RUFO (siglas en inglés para “Derecho Sobre Ofertas Futuras”), que impondría que cualquier mejora a los buitres deba extenderse al resto de los bonistas, el Bono Par 2038 es uno de los que ingresó en situación de impago.

Tanto Nielsen como Guidotti, que plantearon su visión sobre la deuda en el marco de un seminario organizado por el Banco Ciudad bajo el lema “Insertando a la Argentina en el Mundo”, hicieron referencia al riesgo de que la Argentina tenga que enfrentar nuevas demandas de tenedores de bonos Par 2038, luego de que el Gobierno decidiera cambiar la jurisdicción de pago, lo cual los habilita -si obtienen una mayoría de 25%- a un reclamo anticipado por el total de la deuda reestructurada. “Tenemos riesgo concreto de aceleración de los bonos Par. No es descartable que haya una situación bastante compleja antes de que asuma el próximo gobierno”, pronosticó Nielsen, uno de los negociadores del canje de 2005. Señaló que, no obstante, “en Wall Street están divididos los ánimos” ya que, según indicó, “una buena parte de los deudores no quiere que haya aceleración”. Estos "no quieren llevar a la Argentina a un nuevo default porque tienen tenencias muy fuertes en YPF, en Grupo Galicia y en varias empresas argentinas, lo que les pegaría en su portafolios de inversiones”, explicó el economista. No obstante, aclaró que en el caso de los Bonos Par, que son los que mayor atractivo ofrecen para una aceleración, debido a que son papeles que no han tenido recortes en el canje, “en los últimos meses hubo actividad de fondos absolutamente ignotos que no tienen inversiones en la Argentina”. “Pueden ser perfectamente cowboys que no tendrían problemas en llevar a una nueva reestructuración”, añadió.

Por su lado, Guidotti afirmó que “la aceleración de bonos genera un riesgo muy importante” para el país, con vistas a las necesidades de financiamiento para el futuro. El también ex secretario de Finanzas del ministro Roque Fernández consideró que “no hay que minimizar el problema del financiamiento, tras el discurso del desendeudamiento”. Guidotti realizó estimaciones sobre el peso de la deuda pública sobre el PBI, en las que incluyó vencimientos en dólares en el mercado local con tenedores privados, más potenciales juicios perdidos en Nueva York más sentencias del CIADI.

Según indicó, mientras que la deuda neta equivale a 16% del PBI, la acumulación de juicios por unos 20.000 millones de dólares y demandas del CIADI por otros 5.000 millones la llevan al 37 por ciento de PBI, siempre que se asuma que se refinancian deudas en pesos en el mercado local.

Estos economistas forman parte del pelotón de voces que apuran un acuerdo con los buitres que reconozca a estos sus pretensiones. Mientras tanto, el gobierno con un discurso de desendeudamiento y realizando eventos con economistas cuyos planteos deberían llevar a un cuestionamiento por el vértice de la política aplicada en los últimos años, busca con las declamaciones de “patria o buitres” ocultar la bancarrota de su estrategia. Pretende presentar como soberana una política que mantuvo al país bajo los dictados de cortes extranjeras, que recuerdan cerca del final del mandato de Cristina que la deuda sigue siendo un problema de primer orden, a pesar de los formidables pagos que la última década.




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