Sociedad

ANIVERSARIO MASACRE OBRERA

Santa María de Iquique: "Con los chilenos vinimos y con los chilenos vamos a morir"

En 1907 en la Escuela Santa María de Iquique y ante la amenaza de una brutal represión, los obreros se negaron a abandonar la huelga y respondieron: "con los chilenos vinimos, con los chilenos morimos", "no somos bolivianos, ni peruanos, somos obreros" dijeron los trabajadores. La masacre perpetrada por el Ejército chileno bajo órdenes del gobierno de la época dejó más de 3.000 muertos entre hombres, mujeres y niños.

Lunes 21 de diciembre de 2020 | 10:53

Recatamos acá un extracto de aquella obra que recoge el sentir de obreros bolivianos frente a la posibilidad de ser asesinados si permanecían en la Escuela. Es la contundente respuesta que dan a su cónsul, Arístides Moreno, quien los llamaba urgentemente a abandonar el lugar.

"Vengo a decirles que el que se quede en la escuela, morirá. La muerte llegará a las tres de la tarde (…) No sé qué hora es. Pero todos ustedes deben marcharse en el acto, les dijo el cónsul.

Váyanse, por favor. ¡Partan, por amor del cielo! ¡Párense de una vez! ¡Anden! ¡Salgan! ¡Van a pasar barbaridades, cosas graves aquí! A las tres ¡Apúrense! ¡Yo me tengo que ir al instante! ¡Párense, por Dios! ¡Vámonos!, insistió.

Váyase no más, señor cónsul, fue la respuesta. ¿Pero ustedes…? ¿Ustedes entonces son suicidas?, interrogó. Nosotros con chilenos vinimos, con chilenos morimos, no somos bolivianos, ni peruanos, somos obreros, fue la última y contundente respuesta."

Los acontecimientos que culminaron en la trágica matanza de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907, instituyeron unos de los hitos más emblemáticos del movimiento obrero chileno.

Este suceso se convirtió en un símbolo de la lucha de clases y de la brutalidad de la clase dominante, transformándose en una referencia hasta el día de hoy, retratado en la conocida Cantata de Santa María de Iquique.

En Iquique de 1907 todos los cantones salitreros fueron al paro en diciembre y, periódicamente, cientos de mineros llegaban a la ciudad. Los huelguistas oscilaban entre 15 mil a 23 mil personas, lo que implicó que tanto las actividades del puerto, como la producción minera de toda la región, quedaran paralizadas por completo.

El rechazo de las compañías a negociar mientras los mineros no volvieran trabajo, hizo que la intervención del Estado fuera sanguinaria. El intendente Carlos Eastman decretó restricciones a la libertad de tránsito y ordenó a los mineros y sus familias a abandonar Iquique el 21 de diciembre, amenazando con aplicar la fuerza de ser necesario. El gobierno ya había lanzado la advertencia y apostado una numerosa tropa de línea y tres buques de guerra.

Ante la negativa de los huelguistas a desalojar la Escuela Santa María, en donde permanecían desde hacía una semana, el 21 de diciembre, el general Roberto Silva Renard ordenó a sus tropas abrir fuego en contra de la multitud. Más de 3. 600 obreros y sus familias fueron asesinados y los sobrevivientes fueron enviados de regreso a las oficinas o subidos a un barco rumbo a Valparaíso.






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