TRIBUNA ABIERTA

Solidaridad con el compañero Emilio López en su lucha por la vida y la revolución

En nuestra sección de Tribuna Abierta publicamos una crónica sobre la trayectoria de Emilio Óscar López López “El Poeta”, un viejo luchador social y entrañable difusor del arte y la poesía militante, que ha sus 75 años se ha visto gravemente afectado por el nuevo coronavirus tras ser detenido y permanecer durante una noche en una comisaria en Lima.

Franz Verne

Periodista e investigador social

Miércoles 5 de agosto de 2020

Fotos: Franz Verne

La pandemia ocasionada por la expansión del Covid-19 está generando serios estragos a nivel global, golpeando directamente a los sectores más vulnerables. A diario debemos afrontar el aumento de cifras de terror que nos indican que hay un franco ascenso en contagiados y fallecidos, pero también desnuda crudamente la crisis socioecoómica y sanitaria que atraviesa desde hace varias décadas nuestro país.

Con hospitales totalmente colapsados, el sistema privado de salud incrementando sus ganancias en plena pandemia, inoperancia del Gobierno neoliberal que solo atina a destrabar la productividad empresarial en perjuicio del proletariado desprotegido que debe “trabajar para no morir de hambre o morir trabajando por el virus”.

Justamente en este sector se encuentra un viejo luchador social y entrañable difusor del arte y la poesía militante, quien se ha visto gravemente afectado por el nuevo coronavirus. Nos referimos al compañero Emilio Óscar López López (“El Poeta”), quien a sus 75 años mantiene intacta su vocación libertaria y su afán organizativo en proyectos comunitarios de carácter barrial, campesinal y de clase. Natural de una comunidad en las alturas de Yauyos (sierra limeña), se involucró tempranamente con el quehacer social en nuestra capital. A finales de la década del 60 empieza a asistir a las escuelas de formación cooperativista y charlas políticas del recientemente fundado Instituto de Estudios e Investigación de Cooperativas y Comunidades (INDEICOC), de inspiración socialista libertaria y organizado por destacados militantes de esta corriente como Jaime Llosa, Gerardo Cárdenas y Víctor Gutiérrez, que entre sus postulados decía: “La autogestión o gestión democrática de los medios de producción, donde el trabajador adquiere una doble condición: productor y gestionario de la empresa. Deja de ser un asalariado y se convierte en productor libre y asociado; supera así su condición alienada y marginante, liberándose de los amos capitalistas o de los tutores estatistas: burócratas o tecnoburócratas”.

Desde la década del 70 en adelante fue un asiduo militante de frentes culturales en espacios sindicales y plazas públicas junto a otros trabajadores del arte, sufriendo por ello, cárcel y tortura durante el régimen de Morales Bermúdez. Actualmente reside en el populoso barrio de San Luis, desde donde ha formado espacios de resistencia vecinal y ágoras juveniles para enfrentar a las alcaldías corruptas que han pasado por su distrito. Asimismo, fue parte de la Unión Socialista Libertaria y el periódico “Avancemos”. Desde hace varios años, este compañero sobrevive a partir de su trabajo como carpintero rescatando muebles antiguos, diseñando artesanías de materiales reciclados y vendiendo libros de temática variada en mercados, parques o eventos sociales. Cabe destacar que su humilde morada estuvo siendo acondicionada por el funcionamiento de una biblioteca comunitaria como centro de difusión de ideas redentoras para todos y todas.

Trabajador precarizado, represión policial y crisis sanitaria

Y es justamente, en plena faena de venta de libros que, a inicios de junio, fue detenido por la policía al haber “infringido” el toque de queda establecido por el Gobierno (parte de estrategia mal diseñada de control social). Se le condujo a la comisaría junto a otros detenidos para pernoctar a la intemperie hasta el día siguiente. Todos juntos y sin mayor criterio de seguridad, pese a las constantes campañas de “distanciamiento social” y “protección a personas de la tercera edad o en situación de riesgo” que el propio Estado sostiene. Al día siguiente fue liberado, luego de una requisa y fichaje. Al llegar a su domicilio empezó a sentir dolores de espalda y mostrar un resfrío crónico.

Logró contactar a algunos compañeros para avisarnos de su estado de salud en progresivo deterioro, aunque Emilio aseguraba no estar infectado porque acababa de ir por emergencia a hacerse una prueba rápida en el Hospital Bravo Chico, donde le salía No Reactivo. Sin embargo, al encontrarle en su vivienda, pudimos notar un claro malestar relacionado a la Covid-19 (serios problemas de respiración, fatiga permanente, fiebre prolongada, falta de apetito, tos constante, pérdida de gusto y olfato, etc.). Se le asistió con la medicina normalizada para estas circunstancias: Azitromicina 250, Ciprofloxacino, Paracetamol e Ivermectina. Pero era bastante complicado asegurarle de un tratamiento permanente en su hogar, puesto que vive solo (no tiene hijos ni pareja). Además, la infección ya estaba bastante avanzada.

Por ello, se tomó la decisión de llevarle con suma urgencia al Hospital Dos de Mayo a inicios de julio. Allí permaneció hasta dos días en pleno patio, junto a decenas de personas, a la espera de alguna prueba e internamiento. Es así que consiguió el nuevo examen donde dio positivo para el nuevo coronavirus, además de un diagnóstico de Neumonía Grado 7 (severa y viral); por ello, fue derivado inmediatamente a la Villa Mongrut (Centro de Aislamiento por Covid-19) perteneciente al Hospital Octavio Mongrut (EsSalud) de San Miguel.

A dicho centro llegó con un nivel de saturación del 80 %, por lo que le dieron asistencia rápida. Se le proporcionó máscara de reservorio con una oxigenación inicial de 15 litros por minuto para poder estabilizarle, además de someterle a un tratamiento con fuertes dosis de antibióticos para combatir la infección pulmonar. Le realizaron hemogramas para ver el nivel de la enfermedad en otros órganos, mostrando, felizmente, poco o nulo daño al resto de su organismo. Solamente los pulmones estaban seriamente afectados.

De acuerdo a los protocolos para estos casos, es imposible las visitas al paciente internado, por lo que los médicos dan informes diarios a un familiar o contacto aprobado. En este caso, asumí ser el nexo para cualquier situación. Y los comentarios iniciales de los doctores fueron que el compañero López estaba estable pero monitoreado, que su organismo respondía pero que no se podía dar un pronóstico claro sobre su evolución, por lo que factible o una mejora sustancial o ser derivado a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Lleva más de 20 días hospitalizado, con evoluciones estacionarias pero avanzando muy ligeramente.

Algo a destacar en la comunicación con los médicos, es que varios de ellos me refirieron que están batallando con sus propios recursos, pues no reciben Equipos Especiales de Protección (EEP) ni logística adecuada para contactarse con los familiares de los internos. Básicamente, hacen una labor humanitaria sin recibir respaldo económico ni garantías laborales en sus centros de trabajo.

En tanto, el caso del compañero Emilio López es un botón de muestra de lo que ocurre con millones de peruanos actualmente. Décadas de trabajo en diferentes áreas para llegar a una vejez sin seguro social ni estabilidad adecuada. Felizmente, y debido a gestiones con contactos médicos, se pudo conseguir una cama para internamiento, pero hay miles de personas que no consiguen tal acceso de emergencia. Sin embargo, sigue siendo un problema el conseguir medicamentos de uso diario, así como enseres exigidos para estos casos.

Neoliberalismo y dolor popular

Recordemos que el sistema sanitario público ya ha sido desbordado y las clínicas aceptaron el cobro de S/ 55 000 más IGV por la atención de 21 días. Se dice que las clínicas pedían S/ 97 000 por 21 días, mientras que el Ejecutivo quería pagar S/ 35 000 por ese lapso de tiempo. Finalmente se habrían acordado esos S/ 55 00 como «tarifa plana» sea por «2 o 30 días» de internamiento por paciente. ¿Cuánto es el sueldo mínimo en Perú? ¿Cuánta gente sin trabajo y endeudada hasta la cabeza? ¿Podremos cubrir siquiera S/ 3000 a diario? ¿De dónde? ¿No se pudo, al menos, intervenir una clínica por región para tener más camas UCI y atención pública?.

Si sabemos que la salud es un derecho (por tanto, debe ser un bien público de acceso universal), no es posible que solo vivan quienes tengan dinero, mientras otros/as queden endeudados/as hasta el cuello para pagar una cuenta de cien mil soles por cinco días de hospitalización, o los/las más pobres simplemente se mueran esperando cama UCI o balón de oxígeno. Y no olvidemos que queda totalmente demostrado que Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra (por citar a los más recientes) siempre fueron «simples» operadores políticos (capataces de turno) en un país-feudo como el nuestro. Quienes realmente gobernaron en el Perú fueron —y siguen siendo— los grandes señorones (patrones) de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep).

En medio de este proceso, en lo referente a nuestro compañero, cabe destacar la inmediata movilización de camaradas de diferentes sectores, algunos que le conocen personalmente y otros que nunca le vieron pero que guardan sensibilidad militante. Se ha logrado articular un apoyo inicial que sirivió de mucho, pero que esperamos se prolongue porque Emilio, una vez que sea dado de alta, pasará a un proceso de lenta recuperación en su casa, sin poder salir a trabajar. Allí también se requerirá la solidaridad activa. Solo el pueblo ayuda al pueblo.

Las y los invitamos a ser parte de la campaña de solidaridad con el compañero Emilio, haciendo llegar sus aportes a las siguientes cuentas:

Interbank
Cuenta en soles: 3403120635005
CCI: 00334001312063500573

A nombre de Juan Pablo Paredes Maquera

YAPE 945 723 634

A nombre de Franz Ruben Chavez Davila






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